viernes, 30 de abril de 2010

FRENTE AL MAR


Alfonsina Storni


Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.

Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.

Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...

Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.

¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...

La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.


Velero. Puerto La Cruz. 13-09-2008. Foto: Arturo Alvarez D´ Armas


Tomado de:

http://www.abc.com.py/2009-04-19/articulos/513590/frente-al-mar

domingo, 7 de marzo de 2010

CONFERENCIA INAUGURAL DE LA CÁTEDRA LIBRE DRA. IRMA MARINA MENDOZA

San Juan de los Morros, miércoles 03 de marzo de 2010

Biblioteca Pública de San Juan de los Morros

Casa de la Cultura “Dr. Víctor Manuel Ovalles Carloman”



Felipe Hernández G.

Profesor Titular. UNESR

felipehernandez56@yahoo.es


Fotografías: Arturo Álvarez D'Armas





Honrado. Muy honrado me siento de hablarles en la mañana de hoy de la doctora Irma Mendoza. Agradezco a los intelectuales Arturo Álvarez D’Armas y Jeroh Juan Montilla por escoger mi nombre para que les presentara desde mi perspectiva, una semblanza de esta gentil y noble dama.

Inicio mi disertación diciendo, que:

Hablar de Irma Marina Mendoza pone en aprietos al más avisado. No hay, en efecto, ocurrencia más difícil que hablar de las cosas valiosas cuando por el trato cotidiano y permanente se han hecho tan familiares que las consideramos consustanciadas con nosotros. Para ponderar el valor del pan, de la sal, del agua y de la luz, es necesario alejarse un tanto y sentir su separación. Tal sucedió con Irma: llegamos a catar su calidad humana y profesoral cuando El Supremo solicitó su presencia y ella tomó la decisión de ausentarse de las ringleras docentes e históricas por las que siempre transitó.

Harto fascinante es la tarea de acercarse con ánimo escrutador y sentido crítico a la obra multiforme y fecunda de la doctora Irma Mendoza, quien fuera nuestra amiga, una gran venezolana, apasionada por la historia y la educación. Su producción despierta los más encendidos y justificados elogios enfocada desde cualquier ángulo. Si admirables fueron sus históricas participaciones como ponente en jornadas de distinto signo, también lo fue su dilatado y fecundo ejercicio magisterial, a la par de sus enjundiosos y bien documentados trabajos históricos. Idéntico parecer puede emitirse respecto a sus selectos escritos donde nos demostró sus aquilatadas competencias para el análisis riguroso y la exégesis literaria, apegada siempre a la rigurosidad que impone la ciencia de la historia.

La obra de Irma, posee un valor inconmensurable a la hora de izar el estudio del pasado del Guárico. Eso sí, ubicándola más allá del tamiz de las emociones y bajo la pupila histórica propiamente dicha. O, por decirlo de otro modo, asignándole el valor que le corresponde en el ojo de la razón. He aquí, entonces, el punto concéntrico para discernir en relación a la dimensión humana y a la obra legada por esta ilustre caraqueña y venezolana, iniciando el recorrido por la senda magisterial e histórica, fraguada por una mujer comprometida y plena de la talla de la doctora Irma Marina Mendoza.


Junto al conferencista intervención del Cronista de Camaguan Italo Jiménez Laya


Densa y sólida cultura, dominio perfecto de los recursos idiomáticos, amplia y diversificada información, profundidad conceptual y desvelada preocupación por expresarse en la más adecuada forma, son algunos de los atributos que se ponen de resalto en los escritos de esta talentosa intelectual, tan ejemplar por sus acciones como por sus obras.

Nada le fue ajeno, empero y amen, en su acción como historiadora la geografía guariqueña ocupó especial atención y significación, contribuyendo al acrecentamiento de su rostro como territorio, y su indeleble nombre en la esfera nacional. Como es sabido, la palabra historia proviene del sustantivo histor o alguien que ha visto para poder saber y saberse. En otro giro, tal como lo afirma el historiador Alexi Berríos – Berríos (2010), “la historia se afianza en lo sublunar y todo lo acontecido alrededor del hombre formará parte de la hechura temporal”. Estar ahí, como diría Heidegger: “existir, mostrarse, buscarse…” en el tiempo como convención bifurcada y terminar comprendiendo que estamos llenos de pasado. Eso sí, dándole siempre connotación verdadera a lo acontecido, sabiendo que el pasado se estudia desde el presente, situando al hecho en su contexto o correspondientes circunstancias.

En consonancia con lo expuesto, también compartimos con Alexi Berríos - Berríos, cuando sentencia, que “tarde o temprano, la balanza de la historia establece las dimensiones correspondientes al papel desempeñado por los hombres en la vida sublunar”, y es ahí donde pretendemos soportarnos, para atinar en la justa dimensión que reclama el perfil humano y la labor historiográfica de la venezolana Irma Mendoza.

Como historiadora, supo armonizar en decantada conjunción la riqueza expresiva con el acervo de datos obtenidos mediante la investigación metódica y rigurosa, sometida a los más actualizados procedimientos. Así lo atestiguan sus obras, expuestas en congresos, encuentros, jornadas, charlas, simposios y toda suerte de confrontación de saberes, valga recordar algunas de sus ponencias:

La Escuela Normal de Ortiz; El hato Alcornocal en el tiempo histórico colonial; Una Epidemia en Camaguán en el año 1846; El Cabildo de Pardos en Nirgua, siglos XVII y XVIII; Federico Brito Figueroa y la formación de historiadores profesionales en Venezuela; Conflictividad social en Tucupido, 1760-1840; Pueblos de doctrina, propiedad territorial y mayorazgo en los valles de Caracas: Nuestra Señora de la Encarnación de El Valle de la Pascua, 1620–1800 (que fue su tesis doctoral), y la Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico colonial, publicada en colectivo en el libro Resonancias de la Africanidad.

En esta última (2005:17), desvirtuó errátiles conceptos que se venían trasmitiendo acerca de la escasa o nula presencia de esclavos en el territorio de los llanos del Guárico durante el período colonial de nuestro país. Con fidedigna documentación, demostró una realidad muy distinta, para lo cual acotó en su obra, que la presencia de mano de obra esclava de origen africano en los hatos del Guárico Colonial llegó a representar más del 60%, lo que nos informa de su alto índice y de su importante significación económica y social, llegando a concluir, que “el espíritu de libertad reinante entre los esclavos, constituye un elemento esencial en la formación del llanero y que es imposible comprender el proceso de emancipación nacional sin hacer referencia a los negros de origen africano y sus descendientes que habitaron en la extensa geografía guariqueña…”

En consecuencia, los escritos de Irma nos muestran singularidades de la unidad histórica venezolana, transitando el nailon de los años hasta llegar a lo contemporáneo, asumiendo con transparencia el legado tácito de una historia concreta e inmodificable desde la perspectiva cientificista y societal.


Intervención del periodista e historiador José Obswaldo Pérez


Ahora bien, Irma Mendoza también captó la importancia del estudio de los lugares de Venezuela, es decir, de la historia regional y local como elementos consolidantes del ser nacional. En su caso particular, su preocupación la centró en el Guárico, a los estudiantes de la Maestría en Historia de la Universidad Rómulo Gallegos, les insistió en la elaboración de trabajos atinentes a las localidades y sus particularidades, buscando conectar los cuatro puntos cardinales del mapa territorial de la entidad, muchas veces escamoteado por elementos foráneos. Mejor todavía, un estado y un país desconocido y no sentido por sus hijos y una sociedad sumida en la inconciencia histórica.

Nos atrevemos a afirmar que conocía y compartía el sentir de don Mario Briceño Iragorry (1981:85), cuando sentencia:

Nunca alcanzará virtud creadora, ni crecerá cuanto es debido en nuestro espíritu la nación, la Patria total, capaz de abarcar en su seno los destinos de mil diversos pueblos, sino se profundiza su raigambre en la robusta individualidad de la Patria local, en el afecto inconmovible, al pueblo, al barrio, a la calleja, a la casa, en fin, donde corrieron los tiempos sin igual de nuestra infancia.

Como se puede ver, la doctora Irma Mendoza en sus investigaciones en el campo de la historia, puso de manifiesto cualidades que la colocan a la altura de un Marc Bloch (1886-1966), de un Mario Briceño Iragorry (1897-1958) o de un Federico Brito Figueroa (1922-2000), para nombrar sólo a tres eméritos historiadores fallecidos.

Sus escritos, muchos de ellos desperdigados por ahí, –que tal vez sobrepasen el centenar- constituyen paradigmas del buen decir historiográfico, por cuanto en ellos se aprecia de manera inobjetable de que manera se planteaba el carácter de ciencia que tiene la historia, con sus teorías, principios, método y métodos, normas, modelos y categorías, poniendo siempre de manifiesto todo lo que la identifica y le otorga el carácter científico-social, puesto que como lo afirmaba Marc Bloch (1986:26), “la historia como ciencia tiene como objeto fundamental al hombre”, así, muy asertivamente expone: “es el hombre el protagonista principal y la historia quiere aprehender a los hombres”, es decir, percibir y comprender a los individuos desde los diferentes contextos de la dinámica social, donde les corresponde desplegar, emprender o desarrollar acciones.

Amen de los valores específicamente históricos e historiográficos, la labor magisterial de Irma Mendoza es de obligante mención, ciñéndonos solamente al Guárico, la generosidad para formar nuevos relevos de historiadores en todos los municipios de nuestra entidad es inconmensurable, a través de la Maestría en Historia del Decanato de Postgrado de la Universidad Rómulo Gallegos fueron muchos quienes se nutrieron de las fuentes del saber de la homenajeada, quien con su elevado sentido de equidad y desprendimiento no escatimó esfuerzos para apoyar y enrumbar a todos aquellos que a ella acudieron en pos de sus consejos y enseñanzas. Elevada labor magisterial que ha fecundado con creces en las obras de muchos guariqueños que hoy encausan su quehacer investigativo por los senderos que de manera ponderada, con amor y paciencia generosa les trazó Irma.

Muchísimos son –y ya lo manifestamos antes- los escritos dejados por la doctora Irma Mendoza. Pero ella, quizás dejándose llevar por su consubstancial modestia, posiblemente no pensó en reunirlos todos y publicarlos. ¡Ojala que este valioso tesoro no se extravíe por los inclementes senderos del olvido o de la desidia! ¡Cuántas joyas representativas del buen decir académico y del correcto pensar historiográfico no podrán legarse a la posteridad! Recordamos hoy una muestra de los que hemos podido tener a nuestro alcance. Con su rescate y divulgación quedamos hoy comprometidos los auspiciadores de esta Cátedra Libre, la Universidad Rómulo Gallegos, sus exalumnos, sus amigos y todos los que profesamos a ésta singular ciudadana, educadora, paleógrafa e historiadora de vocación, profesión y oficio el más sincero afecto y la más profunda admiración. A ella también, la gratitud del pueblo guariqueño.

Como corolario no s atrevemos a decir, que con tales apreciaciones, Irma Mendoza vivirá para la historia brillando en lo alto de un canto suave que suele decir y decir, por el Guárico y por Venezuela.

Un momento del público asistente.


LA CÁTEDRA LIBRE DRA. IRMA MARINA MENDOZA


Cobijada por la impronta iniciática de los intelectuales guariqueños Arturo Álvarez D’Armas y Jeroh Juan Montilla, nace hoy miércoles, 03 de marzo de 2010, La Cátedra Libre Dra. Irma Marina Mendoza, es el derecho que les asiste como intelectuales y científicos sociales, con idoneidad suficiente para conducir una cátedra, donde difundir el pensamiento y la obra de tan insigne y preclara ciudadana.

Así, a la sombra tutelar del Sanjuanote, bajo el palio triunfal de azul sin palideces, coreado por voces de misterio que acarrea la brisa desde la montaña y el cerro Platillón y por voces de intimidad que musita en salmodia sin reposo El Castrero, donde fueron esparcidas sus cenizas. Acude puntual Irma Marina a una cita de jerarquía.

Pero es cita que escapa de la urdimbre del tiempo, desasistida de la conformación de caducidad, ajena al cansancio, y por tal trasciende por el marco de la rutina, desbordado el simple episodio y se hace quehacer vital para insertarse en la historia.

Torna una vez más, Irma Marina Mendoza a San Juan de los Morros, libre del torbellino de la vida en quietud y serenidad que no alteran cosas ni hombres; vuelve purificada de escorias y curada de flaquezas en el esplendor rutilante de sus días floridos; regresa descarnada de perecederas envolturas y sin voz en el tiempo, convertida en lección y hecha símbolo a través de una Cátedra Libre.

San Juan de los Morros y el Guárico todo han buscado para la justicia un valor propio: una hija de adopción; allega para el enaltecimiento presea sin artificio: un mujer de excepción; exhibe para la consagración definitiva gloria genuina: una maestra sin rival y una historiadora sin dobleces.

Por eso se le ablandan los artejos y le tornan a lozanía las carnes soleadas; la vieja sangre de cuatro siglos cobra ardores de mocedad y se ilumina el rostro e hincha el pecho y se le encienden de jubiló los ojos. Por eso su cielo es hoy más claro, más alegres los pájaros y más sonoro el río. Irma Marina Mendoza ha entrado en el afecto de la ciudad, se le ha quedado al Guárico en el alma. Y es éste el verdadero significado de la creación de esta Cátedra Libre; porque la cátedra hermana en la eficacia de un solo símbolo el triple contenido del pensar, del sentir y del querer guariqueño en todos sus alcances. Aquí queda para preservar contra el olvido, resistente a la mordedura de los años la faz, el alma y la obra de una vida cimera cuya altura no menguaran las nieblas que a ratos le tejen cercos de oscuridad. Tres caminos, una ruta: la grandeza.

Convergían en Irma, la mente lúcida y el hondo pensar, trabados sin desajustes los razonamientos, don de universalidad, poder de síntesis, como rasgos de su estructura mental; sentido del decoro, culto a la libertad interior, pasión de lo noble y de lo bello, repulsión instintiva a lo rastrero, lealtad a las propias convicciones, a la amistad y a la palabra dada, los lineamientos de su configuración moral, y como marco, cordialidad sin extremos, gentileza sin afectación, don de la palabra y don de gentes para un remate de auténtica grandeza.

Fue por signo y por elección, Maestra e Historiadora. Para tal la perfilaban esas sus dimensiones desbordantes de aptitud psicológica y social; y cuando por la conformación del deber ético y por requerimientos académicos, hubo de darse al apostolado de la docencia, hizo de ella su instrumento para la enseñanza de la historia que era su vocación vital. Si de todos es sabido éste su quehacer de naturaleza y de voluntad, sólo ahora la distancia descubre en ella perspectivas inéditas. Y así la palabra se le volvió semilla y la pluma arado para una siembra sin descanso, y el vivir mismo, empresa de riesgo y de fervor. Fue esta la jornada de la entrega, el camino del esplendor meridiano.

Hoy en lo que bien pudiésemos llamar el camino de triunfo, cuando se agota el tiempo, se descarna el espíritu y se muestran en desnudez el nombre y la vida. Alma, vida y nombre exhibe sin velos a Irma Mendoza a su regreso de la noche por la voluntad de dos intelectuales guariqueños de excepción: Arturo Álvarez D’Armas y Jeroh Juan Montilla.

Por esa voluntad, que es un indubitable gesto de lealtad y reconocimiento, torna Irma, para quebrar el silencio y reiniciar el diálogo, para recomenzar el magisterio de la inacabable siembra y realizar una maternidad de larga descendencia. Es la hora de la reivindicación, el camino del triunfo.

Vuelve a través de una Cátedra Universitaria, porque ésta sólo refleja la perennidad del nuevo quehacer; vuelve hecha símbolo y encarna la síntesis de un sistema de ideas que no envejecen, una forma de vida que se renueva con la poda de la adversidad, un sentido de trascendencia que de la circunstancia amasa permanencia y plenitud; regresa hecha norma para señalar caminos a la inquietud nacional, para introducir en la vida sin dolorosos retrocesos un germen de renovación, un impulso ascensional, torna hecha voz sin textura temporal para sanar la angustia y alentar el indispensable urgente reajuste de valores; torna hecha enseñanza para alzar mesnadas de redención histórica.

Y suenan los acordes, porque si alguna vez se conjugaron para el esplendor materia y espíritu fue en la existencia de Irma Marina Mendoza; si un tiempo llegaron a perfecta armonía gleba y luz fue en los días terrenales de esta mujer extraordinaria: bastaba catarle la envoltura para adivinar alma selecta; era suficiente tomarle la voz o el pulso de la mano, para llegar al filón de una contextura espiritual de excepción

Pero el signo funcional no se agotaba en los tiempos de leyenda, en la relación particular; trascendía el cerco individual, la zona de contingencia para campear en realidad y eficacia en el magisterio y la historia.

Un día llegó a San Juan de los Morros para un quehacer de jerarquía Irma Mendoza. Se adentró por las acogedoras sabanas y por los mil caminos del Guárico, hasta fundir con el paisaje su ancha y profunda humanidad; les tomó nombre y signo a las cosas y se convirtió en razón de vivir porque le llegó a la entraña del dolor y de la alegría. Por eso resolvió hacer de esta tierra razón de sus querencias y sus enseñanzas, para narrarle al tiempo a través de sus historias la hazaña de lo que ha sido; para mostrarle al día el riesgo y la posibilidad de la aventura. Irma Marina Mendoza y el Guárico, trenzados los brazos a través de esta Cátedra se asoman desde hoy a idéntico destino.

Nace la Cátedra Libre Irma Marina Mendoza, amparada en el pensamiento de Nietzsche, cuando dice que “lo que importa del árbol no es el fruto,… sino la semilla. Que es la que hace la diferencia entre los que creen y los que disfrutan… y porque todo lo que se hace por amor, se hace, más allá del bien y del mal".

Porque conscientes que “la primera semilla del alma racional es la esperanza; porque ella es la fuente de la vida”, así lo han decidido Arturo Álvarez D’Armas y Jeroh Juan Montilla, y para decírselos con palabras de la poetisa Liliana Echeverria Drummond (1974):

Con arcilla luminosa están modelando un cántaro.

Y brota una melodía en el aire de sus manos.

El tiempo rosa y plata cónstela sueños del alma.

Y tú que miras los mundos y sabes de sendas amplias, quieres dejar escondida una sonrisa en el cántaro.

Para que nunca se apague el brillo de una alianza.

Ni se olvide el corazón de encumbrar una palabra.



Otro instante del público asistente.


REFERENCIAS


BERRÍOS – BERRÍOS, Alexi. (2010): Mario Briceño Iragorry… bajo la óptica histórica. Valera - Estado Trujillo: UNESR. II Jornada Nacional de la Red de Historia Regional y Local de la UNESR. Zaraza, 25 y 26 de febrero de 2010.

BLOCH, Marc. (1986): Apología de la Historia o el Oficio del Historiador. Caracas, Barquisimeto, La Victoria: Coedición Fondo Editorial Lola de Fuenmayor / Fondo Editorial Buría. Colección Textos Clásicos.

BLOCH, Marc. (1975): Introducción a la Historia. México: Fondo de Cultura Económica.

BLOGS: Historiografías - Viento del Sur Editores - San Juan de los Morros y el Estado Guárico.

BRICEÑO IRAGORRY, Mario. (1981): Presencia e Imagen de Trujillo. Caracas: Biblioteca de Temas y Autores Trujillanos.

BRITO FIGUEROA, Federico. (1996): La Comprensión de la Historia en Marc Bloch. Barquisimeto: Fundación Buría.

ECHEVERRIA DRUMMOND, Liliana. (1974): Con Arcilla Luminosa. En: Revista Foro del Norte. http://www.hispanista.org/revista/norte/n1974/260/vers/260b.pdf

HEIDEGGER, Martín. (2005): El ser y el tiempo. México: Fondo de Cultura Económica. Traducción: José Gaos.

MENDOZA, Irma Marina. (2005): “La Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico Colonial”. En: Mendoza, Irma M., Ramos Guedez, José Marcial, Vannini de G. Marisa y Jesús García. (2005): Resonancias de la Africanidad. Caracas: Fondo Editorial del IPASME.

NIETZSCHE, Friedrich. (2009): Obra Completa II: (Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal, La genealogía de la moral, El crepúsculo de los ídolos, El Anticristo). Madrid: Editorial Gredos.

En la ciudad de Valle de la Pascua, estado Guárico, a los veintiocho días del mes de febrero del año 2010.

viernes, 26 de febrero de 2010

Inauguración de la Cátedra Libre de Historia “Doctora Irma Mendoza”


Los Blogs - Historiografías

- Viento del Sur Editores

- San Juan de los Morros y

el Estado Guárico





INVITAN


A la Inauguración de la Cátedra Libre de Historia

“Doctora Irma Mendoza”



Conferencia:

Disertación sobre la vida y obra

de la historiadora Irma Mendoza

por el doctor Felipe Hernández



Lugar: San Juan de los Morros. Biblioteca Pública

Central “Rómulo Gallegos”

Fecha: miércoles 3 de marzo de 2.010

Hora: 9 de la mañana

jueves, 26 de noviembre de 2009

Crónica de un último adiós

José Obswaldo Pérez


Puesto que polvo eres y a ser polvo tornarás

Génesis 3.


Las aguas del río El Castrero, en San Juan de los Morros, Guárico, recibieron cálidamente y acompañadas de pétalos de rosas las cenizas de la profesora Irma Mendoza, en un gesto humano y sensible de sus familiares de dejar acá in memorian los polvos de quien en vida dedicó toda su querencia al Guárico; con ello se simbolizaba el último adiós y se cumplía un deseo que algún día ella había pronunciado.

Las exequias de la profesora Irma Mendoza, traídas por sus familiares de Caracas (especialmente por su hermana, la profesora Fanny Mendoza), fueron recibidas en la Biblioteca Pública Rómulo Gallegos; allí, un grupo de amigos, familiares, ex-alumnos, compañeros de trabajo y profesores, se trazó el destino de trasladarnos al Balneario El Castrero, para finalmente presenciar el acto de esparcimiento de sus cenizas en el río, y así compartir su último adiós.

-Irma, no se ha ido. Irma se hizo luz,- resumió en palabras tras palabras, uno de sus mejores amigos, el profesor Alexis Tosta. Sentencia que rompía aquellas imágenes, como ocurre siempre en nuestros íntimos momentos, cuando se presenta la pregunta acerca de la vida y la muerte. Tosta habló en nombre de los familiares y los amigos de Caracas.

Por su parte, el doctor Argenis Ranuarez- cronista municipal de San Juan de los Morros-, los hizo en nombres de sus amigos guariqueños, en nombre de la academia y de sus alumnos. “Del espíritu guerrero de Irma Marina Mendoza, queda y quedará, mientras cada uno de nosotros tenga un acto de fe; mientras uno de sus alumnos, de sus amigos, de sus compañeros de trabajo o de sus admiradores -entre de los cuales me encuentro- tengan vida, habrá Irma Marina Mendoza viva, viva en la presencia gratificante de la memoria”.

Su sobrino Miguel Pepe Mendoza fue el encargado de esparcir las cenizas de su tía Irma, en una cascada de agua cristalinas y sonoras a la una de la tarde, donde el viento suave abrazaba, cordial, los cuerpos de todos los que presenciamos el acto de desprendimiento, porque así nacemos y así morimos; socializamos, creamos lazos, amistades, tenemos familia, seres a quienes amamos más allá de la muerte, pero de quienes tarde o temprano hemos de desprendernos físicamente. Y volvía la reflexión íntima sobre la vida y la muerte entre quienes presenciamos ese acto de amor de la familia.

Ese mediodía, entre el agua de un río, el cielo y el sol, el suave viento llevaba las cenizas y el espíritu de nuestra querida amiga Irma; volaba y quizás algunos nos la imaginamos libre, ahí de pies junto a los otros, con el ruido de la cascada, y enfrente de una poza de aguas tranquilas. Las emociones iban, venían; mientras veíamos aquel pequeño salto recordábamos a Irma, sentíamos la mutua compañía al reconocer que en las cenizas regadas en el agua iba su espíritu y nos figurábamos su recuerdo, lo que de ella se nos queda en la memoria, cada quien con una parte de la Irma que conocimos.

El viento suave y el cielo, los rayos del sol apacible, fueron también compañía propicia para traer a nuestra imaginación los recuerdos que de ella teníamos, porque en el eterno tiempo que existe, los seres humanos tenemos el propio tiempo, el que nos toca vivir, para después quedar en el recuerdo, en la memoria de cada persona que nos conoció: los amigos, los familiares, los seres que nos amaron o que nos odiaron, cada uno de ellos se queda con un trozo de nuestra historia.

Quizás desde este día, la profesora Irma Mendoza amanece con el sol que se refleja en las aguas de El Castrero, o más allá en la vuelta de un riachuelo o las mismas aguas del río Guárico; o, en cualquiera partes de estas tierras anchas e inmensas, saludando a los hombres y mujeres que visitan este lugar y respiran su naturaleza, ese llano que, en los días de verano, es un horizonte infinito, pero en las tardes, cuando el horizonte y el sol se unen, se convierte en espejo de uno mismo; y ahí Irma tendrá un interlocutor incansable para seguir contando historias, que ya no estarán en las páginas de algún artículo o libro sino frente a nuestros ojos, cuando veamos el inmenso horizonte, porque las historias que leemos no son sólo las de la historiadora sino las que, al leer, nos leemos a nosotros mismos.

Fotografías: José Obswaldo Pérez

martes, 17 de noviembre de 2009

VALERIA MONTILLA GANA POR VENEZUELA PREMIO INTERNACIONAL "TERMINEMOS EL CUENTO" DE LA UNIÓN LATINA

A continuación presentamos un Dossier de esta maravillosa noticia, el cual contiene: la nota de la Unión Latina sobre la misma, los datos biográficos de la ganadora, los nombres de los ganadores de los restantes países, la biografía del narrador chileno Jorge Edwards y su cuento "El botero de don Claudio" junto con el final ganador escrito por Valeria Montilla.

Premiación de “Terminemos el Cuento 2009” – Caracas (Venezuela)

18/08/2009

Caracas (Venezuela)

El martes 18 de agosto, en la Casa Nacional de la Letras “Andrés Bello”, se realizó el acto de premiación de la ganadora del concurso Terminemos el Cuento, edición 2009. Este año, como ya es tradición, la Unión Latina contó como aliados de difusión con liceos, casas de cultura y alcaldías, así como con el apoyo, a nivel de todo el país, de la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”. El veredicto del jurado, integrado por Victoria Ardito (Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”, Programa de Literatura en Espacios no Convencionales), Raquel Molina (Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”, Coordinación de Formación Literaria), y el Representante de Unión Latina en Venezuela, declaró ganadora a la joven Valeria Tibisay Montilla Vargas, de San Juan de los Morros, estado Guárico.

La ganadora de esta edición muestra desde temprana edad gran atracción por la literatura. A los 8 años gana un concurso de narrativa. Participa además en los talleres de narrativa y poesía auspiciados por la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello” entre 2007 y 2009. Poemas suyos son publicados en plaquettes por la editorial Viento del Sur Editores junto a los de otros jóvenes escritores y en el blog y radio argentina “Al Borde de la Palabra” ( http://albordedelapalabra-poesia.blogspot.com/ ). El presente año ganó el Premio Municipal de Ortografía “Andrés Bello”, auspiciado por el Municipio Escolar Nº1 de la ciudad donde reside. Entre sus gustos particulares, además de la lectura y escritura, está el diseño gráfico, los cómics y el idioma japonés, diversas ciencias de la vida como la biología y la química (disciplinas que piensa estudiar a futuro) y la música, principalmente el rock en todas sus variantes.

Luego de unas palabras del Representante, la ganadora recibió un certificado que la acredita como ganadora del concurso en la edición 2009 y el boleto aéreo correspondiente al viaje cultural a España que patrocinan la Unión Latina, el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte de ese país y la Secretaría General Iberoamericana. El acto concluyó con un intercambio informal entre el Representante, la ganadora y los asistentes.

Tomado de http://www.unilat.org/SG/Organisation/Actualites/detail.es.asp?id=774&archive=False&annee=2009
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NOTA BIOGRÁFICA DE VALERIA MONTILLA

Valeria Tibisay Montilla Vargas, nace en San Juan de los Morros, Edo. Guárico, Venezuela, el 9 de marzo de 1993. Tiene 16 años y estudia actualmente bachillerato en la U.E.C. “San Juan Bautista” de San Juan de los Morros; este año fue promovida para 2º Año de Ciencias (5º año).

Desde temprana edad ha mostrado gran atracción por la literatura, siendo hija de escritores cultiva el hábito de la lectura y la escritura. A los 8 años ganó un Concurso de Narrativa realizado en el colegio donde cursaba 2º grado de primaria; participó además en los talleres de narrativa y poesía auspiciados por la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello” entre 2007-2009. Fue seleccionada para publicación de sus poemas en plaquettes de la Editorial Viento del Sur Editores junto a otros jóvenes escritores. Fue publicada también en el Blog y radio argentina “Al Borde de la Palabra” (http://albordedelapalabra-poesia.blogspot.com/). El presente año fue galardonada con el Premio Municipal de Ortografía “Andrés Bello”, auspiciado por el Municipio Escolar Nº1 de la ciudad donde reside. Entre otros talleres y cursos realizados: cursos de pintura al óleo, talleres de formación cinematográfica y curso intensivo de dibujo de cómics.

Entre sus gustos particulares, además de la lectura y escritura, está el Diseño Gráfico, los cómics y el idioma japonés, diversas ciencias de la vida como la Biología y la Química (carreras que piensa estudiar a futuro) y la música, principalmente rock en todas sus variantes. Entre escritores y sus obras preferidas se encuentran Sherrilyn Kenyon (Fantasy Lover); Anne Rice (Interview With The Vampire); J. K. Rowling (la saga de Harry Potter); Julio Verne (Voyage au centre de la Terre); Agatha Christie (Ten Little Niggers); Stephen King (Rose Red); Hajime Kanzaka (Slayers); Nagaru Tanigawa (Suzumiya Haruhi no Yūutsu); Bram Stoker (Drácula); Dan Brown (Deception Point); entre otros.

Su participación en el concurso Terminemos el Cuento 2009, fue motivada por la curiosidad de poder concluir el trabajo iniciado por un escritor, en este caso el cuento inédito “El Botero de Don Claudio” de Jorge Edwards, sintiendo que ello era todo un reto, pues sostener el tono y estilo de otro escritor no es sencillo. También motivó en gran medida la premiación con el viaje a Madrid, pues la experiencia promete todo un disfrute vivencial e intelectual, que los jóvenes agradecen a la Unión Latina en esta promoción de la creación literaria y la participación internacional.

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GANADORES DEL CONCURSO INTERNACIONAL
TERMINEMOS EL CUENTO 2009

La Unión latina acaba de editar un hermoso libro donde reúne todos los finales de cuento ganadores de este año 2009, el cual giró el torno al cuento inédito "El botero de don Claudio" del escritor chileno Jorge Edwards. Se congregan en este libro los mejores finales escritos por jóvenes de 15 paises de habla hispana, incluido el sur de los Estados Unidos, promesas de una floreciente literatura hispanoamericana que ya despunta con vigor, imaginación y maestría.
Los nombre de estos escritores por orden de aparición en el texto son: Juan Ignacio Riveros Silvestro (Bolivia), Casandra Danae Dittus Inostroza (Chile), Juan Pablo Mojica Forero (Colombia), María Fernanda Rodríguez Oreamuno (Costa Rica), Jammerys Arrebola Sánchez (Cuba), Julio Santiago Guerrero Kesselman (Ecuador), Raquel Silva León (España), Bryan Fernando Ramírez Turcios (Honduras), Cristina Raquel Murillo Tibbet (Panamá), Sandra Aline Giesbrecht Bogado (Paraguay), Jelitza Abadía Bailarín (Perú), Melissa Altagracia Sánchez Ramírez (República Dominicana), Mathías Porras Ferré (Uruguay), Valeria Tibisay Montilla Vargas (Venezuela) y Salvador Pelayo (Estados Unidos).
Estos jóvenes disfrutaron de una semana cultural desde el domingo 8 hasta el domingo 15 del mes noviembre del año 2009 en la capital de España, Madrid. El itinerario cultural estuvo conformado por el siguiente programa:

Domingo 8 de noviembre
Llegada y acogida de los ganadores
Traslado al Complejo Educativo “Ciudad Escolar-San Fernando”

Lunes 9 de noviembre
Desayuno y presentación del Programa nota
Visita panorámica de Madrid
Visita guiada al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Martes 10 de noviembre
Visita guiada del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Visita del Museo Nacional del Prado
Paseo por el Madrid de los Austrias y tapas

Miércoles 11 de noviembre
Visita a la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB)
Taller literario formativo sobre “La vida y la obra de Jorge Edwards y la cultura de paz”
Encuentro con el Secretario General Iberoamericano, D. Enrique Iglesias
Vino de honor ofrecido por el Secretario General Iberoamericano
Visita guiada del Palacio Real

Jueves 12 de noviembre
Visita guiada del Real Monasterio del Escorial
Tarde de compras

Viernes 13 de noviembre
Paseo por el barrio literario de Madrid
Visita de la Biblioteca Nacional y del Museo del Libro

Sábado 14 de noviembre
Visita a Segovia y al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso
O Visita a Alcalá de Henares

Domingo 15 de noviembre
Regreso de los ganadores

Bibliografía:
Unión Latina (2009) Terminemos el cuento 2009. Por una cultura de paz y solidaridad. París: Unión Latina. 118 pags., ilustración de la portada: Editorial Santillana (Pablo Lara y Tito Martínez ,Ecuador)
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JORGE EDWARDS

Jorge Edwards Valdés (Santiago, Chile, 29 de junio de 1931) es un escritor, crítico literario, periodista y diplomático chileno. Hijo de Sergio Edwards Irarrázaval y Carmen Valdés Lira. Jorge Edwards, está casado con Pilar de Castro Vergara, con quien tiene dos hijos.

Jorge Edwards en la Feria del Libro de Madrid, 6 de junio de 2008

Biografía

Nacido en el seno de la familia Edwards y educado por los jesuitas, Jorge Edwards es, junto con José Donoso, uno de los más destacados representantes de la narrativa chilena. Graduado en Derecho por la Universidad de Chile en 1958, comenzó la carrera diplomática y fue enviado por el gobierno chileno en 1959 a la Universidad de Princeton (Estados Unidos) para estudiar ciencias políticas. En 1962 fue nombrado secretario de la Embajada de Chile en París, regresando al país en 1967 donde ostentó el cargo de Jefe del Departamento de Europa Oriental en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Durante este período publicó sus libro de cuentos "El Patio", "Gente de la Ciudad" y "Las Máscaras" y la novela "El Peso de la Noche". Durante su primera misión diplomática en París trabó amistad con Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, entre otros. su nombre está asociado, por lo tanto, con el llamado boom latinoamericano.

Su consagración vendría sin embargo más tarde.

En 1971, el gobierno de Salvador Allende le envió como embajador a la Cuba de Fidel Castro, puesto en el que estuvo apenas tres meses, debido a sus discrepancias con el gobierno revolucionario cubano y sus críticas a las facetas dictatoriales de ese gobierno. Fruto de sus experiencias en Cuba (Edwards fue declarado persona non grata y exigida su salida de la isla) sería su obra Persona non grata (1973), por la que ganó notoriedad, y en la que realiza una crítica sobria y a la vez corrosiva contra el estalinismo y el régimen socialista cubano. La obra, que conseguiría el raro mérito de estar prohibida simultáneamente por el gobierno chileno y el gobierno cubano, le granjeó la enemistad de las fuerzas políticas de izquierda y creó una gran polémica entre los escritores latinoamericanos.

A su regreso de Cuba, Edwards fue enviado de nuevo como secretario de la embajada a París, donde estaría a las órdenes de Pablo Neruda. Tras el golpe de estado con Augusto Pinochet a la cabeza, Edwards se vio forzado a abandonar la carrera diplomática, exiliándose en Barcelona (España), donde trabajaría en la editorial Seix Barral y dedicándose a la literatura y el periodismo. Edwards no regresaría a Chile hasta 1978, donde fue uno de los fundadores y posteriormente presidente del Comité de Defensa de la Libertad de Expresión. Restablecida la democracia en Chile, el presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle lo nombró embajador de Chile ante la Unesco (1994 - 1996). En 1994 recibió en Chile el premio Nacional de Literatura. En 1999 obtuvo el principal galardón literario en lengua española, el premio Cervantes.

Obra

La obra de Jorge Edwards consiste fundamentalmente en novelas y relatos cortos. La temática de Edwards supuso un distanciamiento de la habitual en la literatura chilena, ya que en lugar de abordar la vida rural, se centró en los ambientes urbanos y la clase media-alta de su país.

Novelas

  • El peso de la noche (1965), sobre la decadencia de una familia de clase media

  • Persona non grata (1973), sobre sus experiencias como embajador chileno en Cuba.

  • Los convidados de piedra (1978), ambientada en el golpe de estado de 1973.

  • El museo de cera (1981), una alegoría política.

  • La mujer imaginaria (1985), sobre la liberación de una artista de clase alta en la mediana edad.

  • El anfitrión (1988), una recreación moderna del mito de Fausto.

  • El origen del mundo (1996), una reflexión sobre los celos, ambientada en París.

  • El sueño de la historia (2000).

  • El inútil de la familia (2004).

  • La casa de Dostoievsky (2008).

Cuentos

  • El patio (1952).

  • Gente de la ciudad (1961).

  • Las máscaras (1967).

  • Temas y variaciones (1969).

  • Fantasmas de carne y hueso (1993).

Obra periodística

Jorge Edwards es colaborador asiduo de diversos diarios, ya sea en su Chile natal, en el resto de Latinoamérica (La Nación de Buenos Aires) o en Europa (Le Monde, El País o Il Corriere de la Sera). Actualmente escribe una columna de opinión los días viernes en el diario La Segunda. Gran parte de su obra periodística se ha publicado en diversos libros:

  • El whisky de los poetas (1997)

  • Diálogos en un tejado (2003).

Otros

También ha escrito ensayos y biografías:

  • Desde la cola del dragón (1973), por la que obtuvo el Premio de Ensayo Mundo en 1977.

  • Adiós poeta (1990), una biografía muy personal de Pablo Neruda.

  • Machado de Assis (2002), sobre el escritor brasileño Joaquim Maria Machado de Assis.

Premios

Edwards ingresó en 1979 en la Academia Chilena de la Lengua. Entre los múltiples premios y distinciones que ha recibido destacan la condecoración como Caballero de la Orden de las Artes y Letras de Francia, el Premio Nacional de Literatura (1994), el Premio Cervantes, la distinción más importante de la lengua castellana, y la Orden al mérito de Gabriela Mistral, ambas en el año 2000.

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Edwards

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El botero de don Claudio


Jorge Edwards


El relato salió de una nota en una historia de nuestra guerra civil de 1891. Los políticos derrotados escaparon desde Valparaíso en un barco de guerra alemán que hizo escala en El Callao, Perú y siguió a Europa. El botero que llevó al barco al jefe balmacedista Claudio Vicuña no pudo regresar porque la multitud amenazaba con lincharlo. También se embarcó.


Toda la tarde había escuchado explosiones y ruidos confusos, y al anochecer había tenido la impresión de que el cielo, detrás de los cerros del puerto, era un solo incendio enorme, un infierno en la tierra, encima de los acantilados.

¡Mira!, le había dicho al Tuerto, otro de los boteros de la poza número uno, un zambo medio enrevesado, de pelo crespo, y el otro le había contestado que andaban diciendo por ahí, por ai, que el mundo se iba a acabar. Después llegaron dos personas, dos empleados de la Intendencia, pálidos como papeles, y les dijeron, ¡eh, les dijeron, vos ahí, y vos también!, que estuvieran preparados. Los dos. El Tuerto tendría que partir con la carga, las maletas, los bultos, las cajitas de té, adelante. Y él, tú, el Huiro, con los caballeros y toda la familia, al final.

Embarcar la carga costó mucho, más de dos horas. El bote del Tuerto quedó hundido hasta cerca del reborde, pintado de un color más oscuro, pero el Tuerto dijo que no tuvieran cuidado. El, dijo, yo, respondo, patrón. Y empezó a remar con la ayuda de Dioguito, el hijo de su hermana. En la mitad de la poza, entre gaviotas y pelícanos, el Tuerto seguía remando de pie, sin hundirse, con cara de iluminado. Después lo vieron cuando empezaba a descargar junto a la escalerilla del acorazado, con ayuda de los marineros alemanes, que tenían caras coloradas, boinas negras, y usaban camisas con los cuellos bien abiertos, con los pelos del pecho al aire.

Las explosiones siguieron y como que se acercaron, y de repente se escuchaba una balacera, y había gritos y aullidos, y gente de todas las edades que corría por la plaza y que empezaba a apiñarse en el muelle, cerca de la orilla. La gente se reía de los boteros, les tiraba cáscaras de sandías, y algunos vociferaban toda clase de insultos al gobierno. Por las ventanas de la Intendencia, al fondo de la plaza, se notaba que adentro había mucho movimiento. Se apagaban luces y se volvían a prender, y las sombras asustadas corrían de un lado para otro. A veces se asomaba un soldado con un fusil y miraba a la gente en la calle, pero de inmediato se escondía.

En eso, los dos empleados de la Intendencia le hicieron toda clase de señas, más pálidos y más asustados que antes, y uno de ellos hasta mostró una pistola e hizo ademán de disparar al aire. La gente, alrededor suyo, le abrió camino y dejó de gritar por un rato.

¡Abran paso!, chillaba el hombre, con cara de furia, y agitaba su pistola.

El grupo, encabezado por don Claudio, de levita gris y bigotes enroscados hacia arriba, en forma de tirabuzón, avanzó por el centro, con caras muy serias, desencajadas. Don Claudio no abría la boca. Se ayudaba con un bastón grueso y habían contado que adentro del bastón llevaba un estoque filudo. Para matar al primer roto que se le atravesara. Las señoras, en cambio, de mantilla, rezaban, y las chinas lloriqueaban, y los niños andaban a tropezones, mirando para todas partes, pálidos de susto. Todo iba a arder dentro de poco rato, seguro, y la única salvación era el acorazado chato, de color de acero tirando a amarillo, con sus marineros de cuellos grandes y caras de jaiva, con sus águilas imperiales negras, con las bocas gruesas de sus cañones.

Ya vuelvo, le dijo el Huiro al Turnio, agarrando los remos. Espérame.

Te espero, y salimos a celebrar, contestó el Turnio.

¿A celebrar qué?, preguntó el Huiro, sorprendido.

Triunfó la Revolución. Mataron a miles de gobiernistas. ¿Te parece poco?

Él se quedó boquiabierto.

Reme con cuidado, le ordenó don Claudio, con los dientes apretados. Mire que mi señora se marea.

Entonces vio, don Claudio, que algunos jinetes de la caballería de los congresistas habían aparecido frente a la Intendencia, recién llegados de la Placilla, que sólo quedaba en la parte de atrás de uno de los cerros, y le rogó que remara más rápido. No es fácil entender a este caballero, se dijo él, pero, de todos modos, remó con más fuerza. Dos de los jinetes se acercaron a la orilla. Sus lanzas estaban ensangrentadas. Los caballos sudaban, echaban por entre la armazón del freno espuma sucia, y daba la impresión de que los jinetes, después de la batalla, se habían emborrachado con aguardiente.

¡Más rápido!, masculló don Claudio, y ahora sí que tenía miedo por primera vez, verdadero miedo. Se escuchaban gritos más cercanos, y galopes, y una que otra clarinada, y de repente un golpe seco. En el segundo piso de la Intendencia, dos o tres personas agarraban un armatoste pesado, un ropero, o una mesa de mármol negro, y lo tiraban por una ventana. El observó que el Tuerto había amarrado su bote y había desaparecido entre la gente, sin esperarlo. ¿Cómo voy a volver?, pensó. Su mujer, la Quintilia, con sus dos hijos, se había ido a vivir con un zapatero remendón hacía más de tres años, pero él tenía una negra gorda que le hacía de comer y que de vez en cuando, sobre todo si se había tomado unos vinos, se metía adentro de su cama.

¡Avísale a mi negra!, pensó pedirle al Tuerto, pero ya no había manera de comunicarse con él. Había partido a celebrar, el Tuerto sinvergüenza. Quizás a dónde. Mientras otros entraban en las casas de los que se habían escapado y robaban todo lo que podían.

La parte roja del cielo aumentaba, como si le hubieran echado más leña al infierno. Había erupciones, estallidos, alaridos, piedras que salían disparadas por los aires. Los cerros parecían dominados por una alegría salvaje, incendiaria, como si los pobladores quisieran acabar con todo y empezar de nuevo, desde la ceniza. ¿Cuánto falta?, preguntó don Claudio, que se había arrancado a tirones, de puro nervioso, uno de los botones del chaleco, y que se había puesto, en cambio, una escarapela en la solapa, como para que lo reconocieran y supieran. El notó que dos soldados bajaban por el muelle, con bayonetas caladas, y que se iban a subir a un bote, pero después les daban contraorden.

Cuando el bote llegó hasta la escalerilla de metal del buque, don Claudio se puso de pie, gordito, con las piernas tembleques, y quiso subir a toda carrera. Después se contuvo, y el pecho se le infló, como si fuera una gran ave de corral, y se le volvió a desinflar, y se hizo a un lado para que subieran primero las señoras y los niños. El capitán del barco, desde la cubierta, miraba para abajo y daba órdenes en alemán. Don Claudio respondía con palabras alemanas sueltas, que no significaban nada, mientras los marineros, que ayudaban a los niños y a las señoras, se hacían señas entre ellos y miraban al caballero gordito, el de la levita y la escarapela, el de los bigotes en punta, el del bastón, de reojo.

Él, el Huiro, recibió su paga, una moneda más o menos gruesa, y remó de vuelta durante un buen rato, pensando en las cosas que le había tocado ver y escuchar ese día. Al acercarse al muelle divisó las lanchas de los revolucionarios, que lo miraban con mala cara. Uno de los infantes de marina levantó su fusil y le apuntó, y él hizo ademán de agacharse.

¡Mueran los balmacedistas conchas-de-su-maire!, gritaron los tripulantes de las lanchas. ¡Muera el Champudo! Y lo miraban a él como si ya lo hubieran sentenciado.

El siguió remando a todo lo que daba, sin mirar para los lados, y vio que había soldados y caballos de la caballería congresista que ahora bloqueaban la subida al muelle, y creyó divisar una cabeza humana ensartada en una de las lanzas, pero no estuvo seguro. Desde abajo del muelle, un botero viejo, el Taita, amigo suyo y del Turnio, le hacía gestos disimulados, pero enérgicos, para que se alejara. ¡No te acerques, Huirito, porque te van a matar!, pareció que le decía con los labios.



“con la amable autorización del autor aquí comienza el ejercicio de Terminemos el cuento”



Final del cuento escrito por Valeria Montilla:



…El Huiro, al ver que apuntaban de nuevo hacia él con sus fusiles y lanzas, cambió la dirección y remó más rápido, aprovechando la falta de peso extra sobre el bote. Dos disparos impactaron en el agua, muy cerca de la barca como para su gusto; al agacharse escuchó como las municiones pasaban volando sobre su cabeza, para después oírse varios gritos de enfado desde el muelle cuando volvió a incorporarse ileso.

El infierno seguía extendiéndose por el cerro, tiñendo el cielo nocturno de tonos rojizos. En la Intendencia quedaban pocas ventanas intactas, el resto eran solo agujeros incandescentes, llenos de vidrios rotos y manchas de sangre. Ya no se veían personas en la plaza, solo algunos cuerpos humanos y de caballo en el suelo, atravesados por lanzas o agonizantes, esperando a ser alcanzados por el fuego hambriento que iba devorando una a una las casas en pie.

Vio que en el muelle varios de los infantes habían tomado los botes. Al no ver rastro del Taita el Huiro tuvo miedo; por su negra, por el Tuerto, por su propia vida. Los infantes apuntaban de nuevo a su bote mientras se gritaban órdenes. Aunque sentía los párpados pesados por la falta de sueño y los brazos cansados, siguió remando. Poco a poco dejó atrás los disparos, los gritos aterrorizados de las mujeres, los relinchos furiosos de los caballos y las risas etílicas de sus jinetes mientras alzaban sus lanzas entonando cánticos de victoria, algunas, como llegó a ver al fin, coronadas con cabezas humanas.

Después de unos minutos de disparos infructuosos los infantes parecieron desistir de la persecución; tal vez solo se les habían acabado las municiones, el Huiro no lo sabía, solo siguió remando aún cuando vio como estos regresaban con sus compañeros y se alejaban para unirse al caos que se desataba detrás. El muelle quedó en calma, olvidado por el fuego, los boteros, los pobladores y los grupos revolucionarios. Después de unos minutos en los que solo vio las barcas flotando, sin rastros de sus dueños, ocupadas únicamente por algunos pelícanos que las vieron como buenas posaderas para descansar de sus vuelos de caza nocturnos, dejó de remar.

Al contrario del pueblo el mar estaba en calma, ajeno al desastre de su contraparte flamígero, únicamente alterado por el peso del bote y algunas aves marinas que entraban para luego salir con un pez gordo entre sus picos. A lo lejos, el barco de Don Claudio desaparecía en el horizonte, huyendo hacia tierras seguras, alejándose de todo lo que habían provocado las ansias de poder.

El Huiro se sintió entre dos mundos, entre el pueblo agonizante y el barco que se alejaba silencioso, casi fantasmagórico, hacia el norte. Dos mundos en los cuales ya no era aceptado. Con un suspiro se sentó en su bote a ver el desarrollo de todo, sabiendo que el mar era el único sitio donde estaba a salvo… Pasaron las horas, la luna estaba ahora en su cenit, anunciando la medianoche. El pueblo había quedado en calma. El fuego, hasta hace poco enorme y ávido de vida y madera, se hallaba ahora reducido a pocas fogatas en los techos que quedaban aún en pie y los troncos carbonizados de los árboles de la plaza, dejando su mancha negra sobre todas las cosas que alcanzaba en su agonía. De vez en cuando pasaba un jinete sobre su caballo, gritando cantos de victoria mientras espoleaba al animal para que fuese más rápido. Los demás boteros no habían regresado, el muelle se veía ahora en posesión de las aves y unos pocos animales que, con sus pelajes ennegrecidos y heridas abiertas, iban a buscar algo de reposo y alivio en las frías aguas.

Sentía sueño, cabeceaba de vez en cuando, alejando su mente de la guerra, de los problemas políticos, de los revolucionarios y de Don Claudio; entrando en un estado de paz y tranquilidad que sólo podía sentir cuando dormía. El pueblo y posiblemente todos sus conocidos habían muerto esa noche; ya solo le quedaba su bote y la moneda que le había dado Don Claudio por sus servicios. Al acordarse de ella la sacó de su bolsillo y la examinó, era dorada y posiblemente valiese más el metal del que estaba hecha que la moneda misma. Por ella ahora se hallaba en ese mundo de peces y aves, flotando a la deriva mientras veía los restos de su vida pasada convertirse en cenizas y ser arrastrados por el viento.

El Huiro, dándole un último vistazo a la moneda, la lanzó lo más lejos que pudo en dirección al pueblo, viendo cómo se hundía en el mar con la escasa luz que le llegaba desde los restos del incendio. Luego, después de un suspiro, se echó en el bote y cerró los ojos para al fin dormir.

Valeria Montilla

VIDEO INFORMATIVO CON LOS GANADORES DE "TERMINEMOS EL CUENTO 2009" PRESENTADO POR NCI (NOTICIAS CULTURALES IBEROAMERICANAS)

Tomado de http://video.atei.es/development/index.php?option=com_videos&task=detail&id=3661