jueves, 26 de noviembre de 2009

Crónica de un último adiós

José Obswaldo Pérez


Puesto que polvo eres y a ser polvo tornarás

Génesis 3.


Las aguas del río El Castrero, en San Juan de los Morros, Guárico, recibieron cálidamente y acompañadas de pétalos de rosas las cenizas de la profesora Irma Mendoza, en un gesto humano y sensible de sus familiares de dejar acá in memorian los polvos de quien en vida dedicó toda su querencia al Guárico; con ello se simbolizaba el último adiós y se cumplía un deseo que algún día ella había pronunciado.

Las exequias de la profesora Irma Mendoza, traídas por sus familiares de Caracas (especialmente por su hermana, la profesora Fanny Mendoza), fueron recibidas en la Biblioteca Pública Rómulo Gallegos; allí, un grupo de amigos, familiares, ex-alumnos, compañeros de trabajo y profesores, se trazó el destino de trasladarnos al Balneario El Castrero, para finalmente presenciar el acto de esparcimiento de sus cenizas en el río, y así compartir su último adiós.

-Irma, no se ha ido. Irma se hizo luz,- resumió en palabras tras palabras, uno de sus mejores amigos, el profesor Alexis Tosta. Sentencia que rompía aquellas imágenes, como ocurre siempre en nuestros íntimos momentos, cuando se presenta la pregunta acerca de la vida y la muerte. Tosta habló en nombre de los familiares y los amigos de Caracas.

Por su parte, el doctor Argenis Ranuarez- cronista municipal de San Juan de los Morros-, los hizo en nombres de sus amigos guariqueños, en nombre de la academia y de sus alumnos. “Del espíritu guerrero de Irma Marina Mendoza, queda y quedará, mientras cada uno de nosotros tenga un acto de fe; mientras uno de sus alumnos, de sus amigos, de sus compañeros de trabajo o de sus admiradores -entre de los cuales me encuentro- tengan vida, habrá Irma Marina Mendoza viva, viva en la presencia gratificante de la memoria”.

Su sobrino Miguel Pepe Mendoza fue el encargado de esparcir las cenizas de su tía Irma, en una cascada de agua cristalinas y sonoras a la una de la tarde, donde el viento suave abrazaba, cordial, los cuerpos de todos los que presenciamos el acto de desprendimiento, porque así nacemos y así morimos; socializamos, creamos lazos, amistades, tenemos familia, seres a quienes amamos más allá de la muerte, pero de quienes tarde o temprano hemos de desprendernos físicamente. Y volvía la reflexión íntima sobre la vida y la muerte entre quienes presenciamos ese acto de amor de la familia.

Ese mediodía, entre el agua de un río, el cielo y el sol, el suave viento llevaba las cenizas y el espíritu de nuestra querida amiga Irma; volaba y quizás algunos nos la imaginamos libre, ahí de pies junto a los otros, con el ruido de la cascada, y enfrente de una poza de aguas tranquilas. Las emociones iban, venían; mientras veíamos aquel pequeño salto recordábamos a Irma, sentíamos la mutua compañía al reconocer que en las cenizas regadas en el agua iba su espíritu y nos figurábamos su recuerdo, lo que de ella se nos queda en la memoria, cada quien con una parte de la Irma que conocimos.

El viento suave y el cielo, los rayos del sol apacible, fueron también compañía propicia para traer a nuestra imaginación los recuerdos que de ella teníamos, porque en el eterno tiempo que existe, los seres humanos tenemos el propio tiempo, el que nos toca vivir, para después quedar en el recuerdo, en la memoria de cada persona que nos conoció: los amigos, los familiares, los seres que nos amaron o que nos odiaron, cada uno de ellos se queda con un trozo de nuestra historia.

Quizás desde este día, la profesora Irma Mendoza amanece con el sol que se refleja en las aguas de El Castrero, o más allá en la vuelta de un riachuelo o las mismas aguas del río Guárico; o, en cualquiera partes de estas tierras anchas e inmensas, saludando a los hombres y mujeres que visitan este lugar y respiran su naturaleza, ese llano que, en los días de verano, es un horizonte infinito, pero en las tardes, cuando el horizonte y el sol se unen, se convierte en espejo de uno mismo; y ahí Irma tendrá un interlocutor incansable para seguir contando historias, que ya no estarán en las páginas de algún artículo o libro sino frente a nuestros ojos, cuando veamos el inmenso horizonte, porque las historias que leemos no son sólo las de la historiadora sino las que, al leer, nos leemos a nosotros mismos.

Fotografías: José Obswaldo Pérez

martes, 17 de noviembre de 2009

VALERIA MONTILLA GANA POR VENEZUELA PREMIO INTERNACIONAL "TERMINEMOS EL CUENTO" DE LA UNIÓN LATINA

A continuación presentamos un Dossier de esta maravillosa noticia, el cual contiene: la nota de la Unión Latina sobre la misma, los datos biográficos de la ganadora, los nombres de los ganadores de los restantes países, la biografía del narrador chileno Jorge Edwards y su cuento "El botero de don Claudio" junto con el final ganador escrito por Valeria Montilla.

Premiación de “Terminemos el Cuento 2009” – Caracas (Venezuela)

18/08/2009

Caracas (Venezuela)

El martes 18 de agosto, en la Casa Nacional de la Letras “Andrés Bello”, se realizó el acto de premiación de la ganadora del concurso Terminemos el Cuento, edición 2009. Este año, como ya es tradición, la Unión Latina contó como aliados de difusión con liceos, casas de cultura y alcaldías, así como con el apoyo, a nivel de todo el país, de la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”. El veredicto del jurado, integrado por Victoria Ardito (Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”, Programa de Literatura en Espacios no Convencionales), Raquel Molina (Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”, Coordinación de Formación Literaria), y el Representante de Unión Latina en Venezuela, declaró ganadora a la joven Valeria Tibisay Montilla Vargas, de San Juan de los Morros, estado Guárico.

La ganadora de esta edición muestra desde temprana edad gran atracción por la literatura. A los 8 años gana un concurso de narrativa. Participa además en los talleres de narrativa y poesía auspiciados por la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello” entre 2007 y 2009. Poemas suyos son publicados en plaquettes por la editorial Viento del Sur Editores junto a los de otros jóvenes escritores y en el blog y radio argentina “Al Borde de la Palabra” ( http://albordedelapalabra-poesia.blogspot.com/ ). El presente año ganó el Premio Municipal de Ortografía “Andrés Bello”, auspiciado por el Municipio Escolar Nº1 de la ciudad donde reside. Entre sus gustos particulares, además de la lectura y escritura, está el diseño gráfico, los cómics y el idioma japonés, diversas ciencias de la vida como la biología y la química (disciplinas que piensa estudiar a futuro) y la música, principalmente el rock en todas sus variantes.

Luego de unas palabras del Representante, la ganadora recibió un certificado que la acredita como ganadora del concurso en la edición 2009 y el boleto aéreo correspondiente al viaje cultural a España que patrocinan la Unión Latina, el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte de ese país y la Secretaría General Iberoamericana. El acto concluyó con un intercambio informal entre el Representante, la ganadora y los asistentes.

Tomado de http://www.unilat.org/SG/Organisation/Actualites/detail.es.asp?id=774&archive=False&annee=2009
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NOTA BIOGRÁFICA DE VALERIA MONTILLA

Valeria Tibisay Montilla Vargas, nace en San Juan de los Morros, Edo. Guárico, Venezuela, el 9 de marzo de 1993. Tiene 16 años y estudia actualmente bachillerato en la U.E.C. “San Juan Bautista” de San Juan de los Morros; este año fue promovida para 2º Año de Ciencias (5º año).

Desde temprana edad ha mostrado gran atracción por la literatura, siendo hija de escritores cultiva el hábito de la lectura y la escritura. A los 8 años ganó un Concurso de Narrativa realizado en el colegio donde cursaba 2º grado de primaria; participó además en los talleres de narrativa y poesía auspiciados por la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello” entre 2007-2009. Fue seleccionada para publicación de sus poemas en plaquettes de la Editorial Viento del Sur Editores junto a otros jóvenes escritores. Fue publicada también en el Blog y radio argentina “Al Borde de la Palabra” (http://albordedelapalabra-poesia.blogspot.com/). El presente año fue galardonada con el Premio Municipal de Ortografía “Andrés Bello”, auspiciado por el Municipio Escolar Nº1 de la ciudad donde reside. Entre otros talleres y cursos realizados: cursos de pintura al óleo, talleres de formación cinematográfica y curso intensivo de dibujo de cómics.

Entre sus gustos particulares, además de la lectura y escritura, está el Diseño Gráfico, los cómics y el idioma japonés, diversas ciencias de la vida como la Biología y la Química (carreras que piensa estudiar a futuro) y la música, principalmente rock en todas sus variantes. Entre escritores y sus obras preferidas se encuentran Sherrilyn Kenyon (Fantasy Lover); Anne Rice (Interview With The Vampire); J. K. Rowling (la saga de Harry Potter); Julio Verne (Voyage au centre de la Terre); Agatha Christie (Ten Little Niggers); Stephen King (Rose Red); Hajime Kanzaka (Slayers); Nagaru Tanigawa (Suzumiya Haruhi no Yūutsu); Bram Stoker (Drácula); Dan Brown (Deception Point); entre otros.

Su participación en el concurso Terminemos el Cuento 2009, fue motivada por la curiosidad de poder concluir el trabajo iniciado por un escritor, en este caso el cuento inédito “El Botero de Don Claudio” de Jorge Edwards, sintiendo que ello era todo un reto, pues sostener el tono y estilo de otro escritor no es sencillo. También motivó en gran medida la premiación con el viaje a Madrid, pues la experiencia promete todo un disfrute vivencial e intelectual, que los jóvenes agradecen a la Unión Latina en esta promoción de la creación literaria y la participación internacional.

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GANADORES DEL CONCURSO INTERNACIONAL
TERMINEMOS EL CUENTO 2009

La Unión latina acaba de editar un hermoso libro donde reúne todos los finales de cuento ganadores de este año 2009, el cual giró el torno al cuento inédito "El botero de don Claudio" del escritor chileno Jorge Edwards. Se congregan en este libro los mejores finales escritos por jóvenes de 15 paises de habla hispana, incluido el sur de los Estados Unidos, promesas de una floreciente literatura hispanoamericana que ya despunta con vigor, imaginación y maestría.
Los nombre de estos escritores por orden de aparición en el texto son: Juan Ignacio Riveros Silvestro (Bolivia), Casandra Danae Dittus Inostroza (Chile), Juan Pablo Mojica Forero (Colombia), María Fernanda Rodríguez Oreamuno (Costa Rica), Jammerys Arrebola Sánchez (Cuba), Julio Santiago Guerrero Kesselman (Ecuador), Raquel Silva León (España), Bryan Fernando Ramírez Turcios (Honduras), Cristina Raquel Murillo Tibbet (Panamá), Sandra Aline Giesbrecht Bogado (Paraguay), Jelitza Abadía Bailarín (Perú), Melissa Altagracia Sánchez Ramírez (República Dominicana), Mathías Porras Ferré (Uruguay), Valeria Tibisay Montilla Vargas (Venezuela) y Salvador Pelayo (Estados Unidos).
Estos jóvenes disfrutaron de una semana cultural desde el domingo 8 hasta el domingo 15 del mes noviembre del año 2009 en la capital de España, Madrid. El itinerario cultural estuvo conformado por el siguiente programa:

Domingo 8 de noviembre
Llegada y acogida de los ganadores
Traslado al Complejo Educativo “Ciudad Escolar-San Fernando”

Lunes 9 de noviembre
Desayuno y presentación del Programa nota
Visita panorámica de Madrid
Visita guiada al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Martes 10 de noviembre
Visita guiada del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Visita del Museo Nacional del Prado
Paseo por el Madrid de los Austrias y tapas

Miércoles 11 de noviembre
Visita a la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB)
Taller literario formativo sobre “La vida y la obra de Jorge Edwards y la cultura de paz”
Encuentro con el Secretario General Iberoamericano, D. Enrique Iglesias
Vino de honor ofrecido por el Secretario General Iberoamericano
Visita guiada del Palacio Real

Jueves 12 de noviembre
Visita guiada del Real Monasterio del Escorial
Tarde de compras

Viernes 13 de noviembre
Paseo por el barrio literario de Madrid
Visita de la Biblioteca Nacional y del Museo del Libro

Sábado 14 de noviembre
Visita a Segovia y al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso
O Visita a Alcalá de Henares

Domingo 15 de noviembre
Regreso de los ganadores

Bibliografía:
Unión Latina (2009) Terminemos el cuento 2009. Por una cultura de paz y solidaridad. París: Unión Latina. 118 pags., ilustración de la portada: Editorial Santillana (Pablo Lara y Tito Martínez ,Ecuador)
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JORGE EDWARDS

Jorge Edwards Valdés (Santiago, Chile, 29 de junio de 1931) es un escritor, crítico literario, periodista y diplomático chileno. Hijo de Sergio Edwards Irarrázaval y Carmen Valdés Lira. Jorge Edwards, está casado con Pilar de Castro Vergara, con quien tiene dos hijos.

Jorge Edwards en la Feria del Libro de Madrid, 6 de junio de 2008

Biografía

Nacido en el seno de la familia Edwards y educado por los jesuitas, Jorge Edwards es, junto con José Donoso, uno de los más destacados representantes de la narrativa chilena. Graduado en Derecho por la Universidad de Chile en 1958, comenzó la carrera diplomática y fue enviado por el gobierno chileno en 1959 a la Universidad de Princeton (Estados Unidos) para estudiar ciencias políticas. En 1962 fue nombrado secretario de la Embajada de Chile en París, regresando al país en 1967 donde ostentó el cargo de Jefe del Departamento de Europa Oriental en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Durante este período publicó sus libro de cuentos "El Patio", "Gente de la Ciudad" y "Las Máscaras" y la novela "El Peso de la Noche". Durante su primera misión diplomática en París trabó amistad con Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, entre otros. su nombre está asociado, por lo tanto, con el llamado boom latinoamericano.

Su consagración vendría sin embargo más tarde.

En 1971, el gobierno de Salvador Allende le envió como embajador a la Cuba de Fidel Castro, puesto en el que estuvo apenas tres meses, debido a sus discrepancias con el gobierno revolucionario cubano y sus críticas a las facetas dictatoriales de ese gobierno. Fruto de sus experiencias en Cuba (Edwards fue declarado persona non grata y exigida su salida de la isla) sería su obra Persona non grata (1973), por la que ganó notoriedad, y en la que realiza una crítica sobria y a la vez corrosiva contra el estalinismo y el régimen socialista cubano. La obra, que conseguiría el raro mérito de estar prohibida simultáneamente por el gobierno chileno y el gobierno cubano, le granjeó la enemistad de las fuerzas políticas de izquierda y creó una gran polémica entre los escritores latinoamericanos.

A su regreso de Cuba, Edwards fue enviado de nuevo como secretario de la embajada a París, donde estaría a las órdenes de Pablo Neruda. Tras el golpe de estado con Augusto Pinochet a la cabeza, Edwards se vio forzado a abandonar la carrera diplomática, exiliándose en Barcelona (España), donde trabajaría en la editorial Seix Barral y dedicándose a la literatura y el periodismo. Edwards no regresaría a Chile hasta 1978, donde fue uno de los fundadores y posteriormente presidente del Comité de Defensa de la Libertad de Expresión. Restablecida la democracia en Chile, el presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle lo nombró embajador de Chile ante la Unesco (1994 - 1996). En 1994 recibió en Chile el premio Nacional de Literatura. En 1999 obtuvo el principal galardón literario en lengua española, el premio Cervantes.

Obra

La obra de Jorge Edwards consiste fundamentalmente en novelas y relatos cortos. La temática de Edwards supuso un distanciamiento de la habitual en la literatura chilena, ya que en lugar de abordar la vida rural, se centró en los ambientes urbanos y la clase media-alta de su país.

Novelas

  • El peso de la noche (1965), sobre la decadencia de una familia de clase media

  • Persona non grata (1973), sobre sus experiencias como embajador chileno en Cuba.

  • Los convidados de piedra (1978), ambientada en el golpe de estado de 1973.

  • El museo de cera (1981), una alegoría política.

  • La mujer imaginaria (1985), sobre la liberación de una artista de clase alta en la mediana edad.

  • El anfitrión (1988), una recreación moderna del mito de Fausto.

  • El origen del mundo (1996), una reflexión sobre los celos, ambientada en París.

  • El sueño de la historia (2000).

  • El inútil de la familia (2004).

  • La casa de Dostoievsky (2008).

Cuentos

  • El patio (1952).

  • Gente de la ciudad (1961).

  • Las máscaras (1967).

  • Temas y variaciones (1969).

  • Fantasmas de carne y hueso (1993).

Obra periodística

Jorge Edwards es colaborador asiduo de diversos diarios, ya sea en su Chile natal, en el resto de Latinoamérica (La Nación de Buenos Aires) o en Europa (Le Monde, El País o Il Corriere de la Sera). Actualmente escribe una columna de opinión los días viernes en el diario La Segunda. Gran parte de su obra periodística se ha publicado en diversos libros:

  • El whisky de los poetas (1997)

  • Diálogos en un tejado (2003).

Otros

También ha escrito ensayos y biografías:

  • Desde la cola del dragón (1973), por la que obtuvo el Premio de Ensayo Mundo en 1977.

  • Adiós poeta (1990), una biografía muy personal de Pablo Neruda.

  • Machado de Assis (2002), sobre el escritor brasileño Joaquim Maria Machado de Assis.

Premios

Edwards ingresó en 1979 en la Academia Chilena de la Lengua. Entre los múltiples premios y distinciones que ha recibido destacan la condecoración como Caballero de la Orden de las Artes y Letras de Francia, el Premio Nacional de Literatura (1994), el Premio Cervantes, la distinción más importante de la lengua castellana, y la Orden al mérito de Gabriela Mistral, ambas en el año 2000.

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Edwards

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El botero de don Claudio


Jorge Edwards


El relato salió de una nota en una historia de nuestra guerra civil de 1891. Los políticos derrotados escaparon desde Valparaíso en un barco de guerra alemán que hizo escala en El Callao, Perú y siguió a Europa. El botero que llevó al barco al jefe balmacedista Claudio Vicuña no pudo regresar porque la multitud amenazaba con lincharlo. También se embarcó.


Toda la tarde había escuchado explosiones y ruidos confusos, y al anochecer había tenido la impresión de que el cielo, detrás de los cerros del puerto, era un solo incendio enorme, un infierno en la tierra, encima de los acantilados.

¡Mira!, le había dicho al Tuerto, otro de los boteros de la poza número uno, un zambo medio enrevesado, de pelo crespo, y el otro le había contestado que andaban diciendo por ahí, por ai, que el mundo se iba a acabar. Después llegaron dos personas, dos empleados de la Intendencia, pálidos como papeles, y les dijeron, ¡eh, les dijeron, vos ahí, y vos también!, que estuvieran preparados. Los dos. El Tuerto tendría que partir con la carga, las maletas, los bultos, las cajitas de té, adelante. Y él, tú, el Huiro, con los caballeros y toda la familia, al final.

Embarcar la carga costó mucho, más de dos horas. El bote del Tuerto quedó hundido hasta cerca del reborde, pintado de un color más oscuro, pero el Tuerto dijo que no tuvieran cuidado. El, dijo, yo, respondo, patrón. Y empezó a remar con la ayuda de Dioguito, el hijo de su hermana. En la mitad de la poza, entre gaviotas y pelícanos, el Tuerto seguía remando de pie, sin hundirse, con cara de iluminado. Después lo vieron cuando empezaba a descargar junto a la escalerilla del acorazado, con ayuda de los marineros alemanes, que tenían caras coloradas, boinas negras, y usaban camisas con los cuellos bien abiertos, con los pelos del pecho al aire.

Las explosiones siguieron y como que se acercaron, y de repente se escuchaba una balacera, y había gritos y aullidos, y gente de todas las edades que corría por la plaza y que empezaba a apiñarse en el muelle, cerca de la orilla. La gente se reía de los boteros, les tiraba cáscaras de sandías, y algunos vociferaban toda clase de insultos al gobierno. Por las ventanas de la Intendencia, al fondo de la plaza, se notaba que adentro había mucho movimiento. Se apagaban luces y se volvían a prender, y las sombras asustadas corrían de un lado para otro. A veces se asomaba un soldado con un fusil y miraba a la gente en la calle, pero de inmediato se escondía.

En eso, los dos empleados de la Intendencia le hicieron toda clase de señas, más pálidos y más asustados que antes, y uno de ellos hasta mostró una pistola e hizo ademán de disparar al aire. La gente, alrededor suyo, le abrió camino y dejó de gritar por un rato.

¡Abran paso!, chillaba el hombre, con cara de furia, y agitaba su pistola.

El grupo, encabezado por don Claudio, de levita gris y bigotes enroscados hacia arriba, en forma de tirabuzón, avanzó por el centro, con caras muy serias, desencajadas. Don Claudio no abría la boca. Se ayudaba con un bastón grueso y habían contado que adentro del bastón llevaba un estoque filudo. Para matar al primer roto que se le atravesara. Las señoras, en cambio, de mantilla, rezaban, y las chinas lloriqueaban, y los niños andaban a tropezones, mirando para todas partes, pálidos de susto. Todo iba a arder dentro de poco rato, seguro, y la única salvación era el acorazado chato, de color de acero tirando a amarillo, con sus marineros de cuellos grandes y caras de jaiva, con sus águilas imperiales negras, con las bocas gruesas de sus cañones.

Ya vuelvo, le dijo el Huiro al Turnio, agarrando los remos. Espérame.

Te espero, y salimos a celebrar, contestó el Turnio.

¿A celebrar qué?, preguntó el Huiro, sorprendido.

Triunfó la Revolución. Mataron a miles de gobiernistas. ¿Te parece poco?

Él se quedó boquiabierto.

Reme con cuidado, le ordenó don Claudio, con los dientes apretados. Mire que mi señora se marea.

Entonces vio, don Claudio, que algunos jinetes de la caballería de los congresistas habían aparecido frente a la Intendencia, recién llegados de la Placilla, que sólo quedaba en la parte de atrás de uno de los cerros, y le rogó que remara más rápido. No es fácil entender a este caballero, se dijo él, pero, de todos modos, remó con más fuerza. Dos de los jinetes se acercaron a la orilla. Sus lanzas estaban ensangrentadas. Los caballos sudaban, echaban por entre la armazón del freno espuma sucia, y daba la impresión de que los jinetes, después de la batalla, se habían emborrachado con aguardiente.

¡Más rápido!, masculló don Claudio, y ahora sí que tenía miedo por primera vez, verdadero miedo. Se escuchaban gritos más cercanos, y galopes, y una que otra clarinada, y de repente un golpe seco. En el segundo piso de la Intendencia, dos o tres personas agarraban un armatoste pesado, un ropero, o una mesa de mármol negro, y lo tiraban por una ventana. El observó que el Tuerto había amarrado su bote y había desaparecido entre la gente, sin esperarlo. ¿Cómo voy a volver?, pensó. Su mujer, la Quintilia, con sus dos hijos, se había ido a vivir con un zapatero remendón hacía más de tres años, pero él tenía una negra gorda que le hacía de comer y que de vez en cuando, sobre todo si se había tomado unos vinos, se metía adentro de su cama.

¡Avísale a mi negra!, pensó pedirle al Tuerto, pero ya no había manera de comunicarse con él. Había partido a celebrar, el Tuerto sinvergüenza. Quizás a dónde. Mientras otros entraban en las casas de los que se habían escapado y robaban todo lo que podían.

La parte roja del cielo aumentaba, como si le hubieran echado más leña al infierno. Había erupciones, estallidos, alaridos, piedras que salían disparadas por los aires. Los cerros parecían dominados por una alegría salvaje, incendiaria, como si los pobladores quisieran acabar con todo y empezar de nuevo, desde la ceniza. ¿Cuánto falta?, preguntó don Claudio, que se había arrancado a tirones, de puro nervioso, uno de los botones del chaleco, y que se había puesto, en cambio, una escarapela en la solapa, como para que lo reconocieran y supieran. El notó que dos soldados bajaban por el muelle, con bayonetas caladas, y que se iban a subir a un bote, pero después les daban contraorden.

Cuando el bote llegó hasta la escalerilla de metal del buque, don Claudio se puso de pie, gordito, con las piernas tembleques, y quiso subir a toda carrera. Después se contuvo, y el pecho se le infló, como si fuera una gran ave de corral, y se le volvió a desinflar, y se hizo a un lado para que subieran primero las señoras y los niños. El capitán del barco, desde la cubierta, miraba para abajo y daba órdenes en alemán. Don Claudio respondía con palabras alemanas sueltas, que no significaban nada, mientras los marineros, que ayudaban a los niños y a las señoras, se hacían señas entre ellos y miraban al caballero gordito, el de la levita y la escarapela, el de los bigotes en punta, el del bastón, de reojo.

Él, el Huiro, recibió su paga, una moneda más o menos gruesa, y remó de vuelta durante un buen rato, pensando en las cosas que le había tocado ver y escuchar ese día. Al acercarse al muelle divisó las lanchas de los revolucionarios, que lo miraban con mala cara. Uno de los infantes de marina levantó su fusil y le apuntó, y él hizo ademán de agacharse.

¡Mueran los balmacedistas conchas-de-su-maire!, gritaron los tripulantes de las lanchas. ¡Muera el Champudo! Y lo miraban a él como si ya lo hubieran sentenciado.

El siguió remando a todo lo que daba, sin mirar para los lados, y vio que había soldados y caballos de la caballería congresista que ahora bloqueaban la subida al muelle, y creyó divisar una cabeza humana ensartada en una de las lanzas, pero no estuvo seguro. Desde abajo del muelle, un botero viejo, el Taita, amigo suyo y del Turnio, le hacía gestos disimulados, pero enérgicos, para que se alejara. ¡No te acerques, Huirito, porque te van a matar!, pareció que le decía con los labios.



“con la amable autorización del autor aquí comienza el ejercicio de Terminemos el cuento”



Final del cuento escrito por Valeria Montilla:



…El Huiro, al ver que apuntaban de nuevo hacia él con sus fusiles y lanzas, cambió la dirección y remó más rápido, aprovechando la falta de peso extra sobre el bote. Dos disparos impactaron en el agua, muy cerca de la barca como para su gusto; al agacharse escuchó como las municiones pasaban volando sobre su cabeza, para después oírse varios gritos de enfado desde el muelle cuando volvió a incorporarse ileso.

El infierno seguía extendiéndose por el cerro, tiñendo el cielo nocturno de tonos rojizos. En la Intendencia quedaban pocas ventanas intactas, el resto eran solo agujeros incandescentes, llenos de vidrios rotos y manchas de sangre. Ya no se veían personas en la plaza, solo algunos cuerpos humanos y de caballo en el suelo, atravesados por lanzas o agonizantes, esperando a ser alcanzados por el fuego hambriento que iba devorando una a una las casas en pie.

Vio que en el muelle varios de los infantes habían tomado los botes. Al no ver rastro del Taita el Huiro tuvo miedo; por su negra, por el Tuerto, por su propia vida. Los infantes apuntaban de nuevo a su bote mientras se gritaban órdenes. Aunque sentía los párpados pesados por la falta de sueño y los brazos cansados, siguió remando. Poco a poco dejó atrás los disparos, los gritos aterrorizados de las mujeres, los relinchos furiosos de los caballos y las risas etílicas de sus jinetes mientras alzaban sus lanzas entonando cánticos de victoria, algunas, como llegó a ver al fin, coronadas con cabezas humanas.

Después de unos minutos de disparos infructuosos los infantes parecieron desistir de la persecución; tal vez solo se les habían acabado las municiones, el Huiro no lo sabía, solo siguió remando aún cuando vio como estos regresaban con sus compañeros y se alejaban para unirse al caos que se desataba detrás. El muelle quedó en calma, olvidado por el fuego, los boteros, los pobladores y los grupos revolucionarios. Después de unos minutos en los que solo vio las barcas flotando, sin rastros de sus dueños, ocupadas únicamente por algunos pelícanos que las vieron como buenas posaderas para descansar de sus vuelos de caza nocturnos, dejó de remar.

Al contrario del pueblo el mar estaba en calma, ajeno al desastre de su contraparte flamígero, únicamente alterado por el peso del bote y algunas aves marinas que entraban para luego salir con un pez gordo entre sus picos. A lo lejos, el barco de Don Claudio desaparecía en el horizonte, huyendo hacia tierras seguras, alejándose de todo lo que habían provocado las ansias de poder.

El Huiro se sintió entre dos mundos, entre el pueblo agonizante y el barco que se alejaba silencioso, casi fantasmagórico, hacia el norte. Dos mundos en los cuales ya no era aceptado. Con un suspiro se sentó en su bote a ver el desarrollo de todo, sabiendo que el mar era el único sitio donde estaba a salvo… Pasaron las horas, la luna estaba ahora en su cenit, anunciando la medianoche. El pueblo había quedado en calma. El fuego, hasta hace poco enorme y ávido de vida y madera, se hallaba ahora reducido a pocas fogatas en los techos que quedaban aún en pie y los troncos carbonizados de los árboles de la plaza, dejando su mancha negra sobre todas las cosas que alcanzaba en su agonía. De vez en cuando pasaba un jinete sobre su caballo, gritando cantos de victoria mientras espoleaba al animal para que fuese más rápido. Los demás boteros no habían regresado, el muelle se veía ahora en posesión de las aves y unos pocos animales que, con sus pelajes ennegrecidos y heridas abiertas, iban a buscar algo de reposo y alivio en las frías aguas.

Sentía sueño, cabeceaba de vez en cuando, alejando su mente de la guerra, de los problemas políticos, de los revolucionarios y de Don Claudio; entrando en un estado de paz y tranquilidad que sólo podía sentir cuando dormía. El pueblo y posiblemente todos sus conocidos habían muerto esa noche; ya solo le quedaba su bote y la moneda que le había dado Don Claudio por sus servicios. Al acordarse de ella la sacó de su bolsillo y la examinó, era dorada y posiblemente valiese más el metal del que estaba hecha que la moneda misma. Por ella ahora se hallaba en ese mundo de peces y aves, flotando a la deriva mientras veía los restos de su vida pasada convertirse en cenizas y ser arrastrados por el viento.

El Huiro, dándole un último vistazo a la moneda, la lanzó lo más lejos que pudo en dirección al pueblo, viendo cómo se hundía en el mar con la escasa luz que le llegaba desde los restos del incendio. Luego, después de un suspiro, se echó en el bote y cerró los ojos para al fin dormir.

Valeria Montilla

VIDEO INFORMATIVO CON LOS GANADORES DE "TERMINEMOS EL CUENTO 2009" PRESENTADO POR NCI (NOTICIAS CULTURALES IBEROAMERICANAS)

Tomado de http://video.atei.es/development/index.php?option=com_videos&task=detail&id=3661



video

lunes, 16 de noviembre de 2009

UN ADIOS A IRMA MARINA

Felipe Hernández G.


Cuando muy temprano en la mañana del miércoles 11, los amigos Egilda Rangel Porras, primero y Arturo Álvarez D’Armas después, me enteraron de la muerte de Irma Mendoza, lo primero que acudió a mi memoria fue la confesión de San Agustín: “Como es la vida, así es la muerte”. Porque Irma Mendoza murió como vivió ¡luchando! ¡Soñando!. Ya lo dijo el poeta Virgilio, El sueño es hermano de la muerte”. Es miércoles 11 de noviembre de 2009, horas antes, a la 1 y 45 minutos de la madrugada, en el Hospital Clínico Universitario de Caracas, después de una tenaz batalla por la vida, se nos fue Irma Marina, como le gustaba que le llamasen. Educadora por vocación y convicción e historiadora de profesión y oficio de acrisolados quilates.

Ante el dolor que produce la partida, escribió Baudelaire, que “el tiempo devora la vida”, y afloran los recuerdos de lo que se ha vivido. En esta infausta hora, cuando la tristeza por la amiga ida nos asola, solo recordar parte de su trayectoria vital para la posteridad, alienta. Así, recordamos que a Irma la conocimos en el año 1986, cuando se desempeñaba como presidenta de la Junta Calificadora Nacional del Ministerio de Educación. Desde entonces comenzamos a tratarnos y se inició una larga y fructífera amistad, que se prolongó en el tiempo y se acrecentó en el afecto.

Nos encontramos nuevamente en los pasillos y en las aulas del Centro de Altos Estudios Alejandro de Humboldt de la Universidad Santa María en Caracas, donde realizamos el doctorado en Historia, que condujo sabiamente la mano y el pensamiento del eminente historiador y gran venezolano que fue el doctor Federico Brito Figueroa, y otros preclaros maestros como Alfonso Rumazo González, Manuel Pérez Vila, Pedro Felipe Ledezma, Juan Bautista Fuenmayor, Ramón A. Tovar, Nikita Harwich Vallenilla, Ramón Lozada Aldana, Reinaldo Rojas, Raiza Vivas de Daza, Carmen Saín de Gutiérrez, y otros. Ahí se consolidó la amistad, y a ella se sumaron amistades comunes como la de Miriam Meza de Borges, María Egilda Rangel Porras, José Marcial Ramos Guedez, Manuel Carrero, Nidia Cárdenas, José María Surga, Blanca Sánchez Blasco, Elsa Barrios Romero, Damelis Yegüez, Elis Freitas, Lucila Lista, Blanca Montoro, Emma Martínez, Cecilia Vivas, Diógenes Molina, y muchos más.

Volvimos a encontrarnos cuando ocupó la Secretaría de Educación y Cultura del estado Guárico en el año 1999, durante la primera gestión como gobernador de Eduardo Manuitt Carpio, la conseguimos haciendo equipo con la profesora Belkys Figuera Carpio. De ahí, por solicitud del para entonces rector, doctor Federico Brito Figueroa, pasó a la Universidad Rómulo Gallegos, como profesora de Postgrado en la maestría en Historia, donde junto con el doctor Elis Mercado, formó un gran equipo que permitió abrir y consolidar las maestrías en Historia en San Juan de los Morros, Valle de la Pascua y Altagracia de Orituco. Por expresa solicitud suya, formamos parte de ese equipo; fue y ha sido arduo el trabajo; de ahí han egresado un significativo número de postgraduados en Historia, profesionales guariqueños que son, en buena medida, hechura de Irma.

Téngase entre ellos, en San Juan de los Morros, a: Jeroh Juan Montilla, Mayerling Colmenares, Adriana De Abreu, Gledys Da’ Silva, Aura Marina Betancourt, Pablo Pérez, Aura Gómez, Oneida Martínez, y otros. En Ortiz: José Obswaldo Pérez Ascanio. En Calabozo: Ubaldo Ruiz y Eduardo López Sandoval. En Valle de la Pascua: Mélida Loreto de Díaz, Rosa María Álvarez, Carmen Diamora García, Antonio Campos, Maritza Márquez, y Yusdalis Celis. En Las Mercedes del Llano: Sorángel Ruiz Castro, Orietta Ortiz Mendoza y Xiomara Romero Abas. En Zaraza: Marlin Acosta y Lisbeth Rondón Rengifo. En Tucupido: Yamira González. En Altagracia de Orituco: María Luna. En El Socorro: Nervis Carpio. En Santa María de Ipire: María Mercedes Sarmiento Márquez; y en San José de Tiznados: Mariali Gondelles Bolívar.

Fue largo el surco de semillas sembradas por Irma en el Guárico, muchas de ellas florecientes y dando frutos, otras por florecer. A muchas nos tocará encausarlas para que germinen sus trabajos finales de grado. Ella hizo lo suyo. Era su sueño.

El auditorium y la Casona Universitaria, son mudos testigos de los pasos de Irma Mendoza, de las sesudas asesorías y de las importantes investigaciones historiográficas sobre el Guárico todo, que de ahí salieron, todas asesoradas por ella.

No sólo como profesora del Postgrado en Historia dictó cátedra Irma. Aquí en Guárico también lo hizo como investigadora, ponente y conferencista en encuentros, congresos, seminarios, conversatorios, coloquios y jornadas llevados a cabo en nuestra entidad. Muchas veces la acompañamos, en otras coincidimos, y a otras envió su ponencia para que la leyeran. Así, siempre nos alentó y nos acompañó en todos los Encuentros de Historiadores y Cronistas Guariqueños realizados en Valle de la Pascua, no faltó a ninguno. Pero también la vimos en Calabozo, en Camaguán, en San Juan de los Morros, en San Sebastián de los Reyes, en Chaguaramas, en Las Mercedes del Llano, en Ortiz. Ahí quedan sus ponencias. Investigaciones realizadas con gran rigurosidad, donde observamos un particular conocimiento y una especial maestría en el uso metodológico de la ciencia de la historia, aplicando las categorías de totalidad y lo interdisciplinario en la goehistoria guariqueña. Fundamentaciones hechas con información y documentos de fuentes de primera mano, obtenidas en el Archivo Arquidiocesano de Caracas, el Archivo General de la Nación, la Academia Nacional de la Historia, el Registro Principal del estado Guárico y de sus municipios, entre otros.

De ahí salió su ensayo "Presencia de la mano de obra esclava de origen africano en el Guárico colonial. Siglo XVIII", publicado en: Resonancias de la Africanidad. Libro escrito a cuatro manos con Marcial Ramos Guédez, Marisa Vannini de Gerulewicz y Jesús García, y publicado por el Fondo Editorial del IPASME, en el año 2005.También en la prensa regional dejó su impronta, son muchos los ensayos, crónicas y artículos publicados en los diarios El Nacionalista, La Prensa del Llano, La Antena, y en otras publicaciones regionales.

Considero que Irma Mendoza y Arturo Álvarez de D’ Armas, cada uno por su lado, son pioneros de los estudios sobre la negritud y la africanidad en el Guárico, cuando nadie hablaba de la presencia esclava en estos confines, levantaron ellos su voz y comenzaron a escribir.

Está vivo en nuestro recuerdo el homenaje que en su honor organizaron Arturo Álvarez D’ Armas y Jeroh Juan Montilla, fue en el Teatro de Bolsillo de la Casa Artesanal, en la calle Róscio de San Juan de los Morros, el día viernes 11 de julio de 2008. Le correspondió el honor de leer el discurso de orden, al doctor José Marcial Ramos Guédez, un discurso sentido, como solo puede hacerlo un amigo, conocedor de la vida y la trayectoria académica y profesional de la homenajeada, todo un maestro. Y de moderador fungió Jeroh Montilla. Todavía retumba en mis oídos, la voz grave, como de trueno del doctor Argenis Ranuarez Angarita, “¡Aquí estoy Irma Marina! Vengo a rendirte homenaje…”, sencillamente magistral. Adolfo Rodríguez, presentó una hermosísima semblanza que tituló: Irma Mendoza: Una emoción al servicio de la Historiografía Llanera. Edgardo Malaspina, al final de sus palabras, en un gesto de caballerosidad, le entregó un hermoso ramo de flores. También estuvimos y hablamos: Oldman Botello, Miriam Meza de Borges, Ubaldo Ruiz, Oneida Martínez, y Fabiola Bolívar. En mi ponencia, además de un exordio sobre la dimensión humana e intelectual de Irma Mendoza, leí una semblanza biográfica sobre monseñor Rafael Chacín Soto, en razón que ella siempre me manifestó su interés como investigadora por este polifacético sacerdote, de quien decía, “se había escrito y estudiado poco”, especialmente sobre su personalidad y su obra, así como sus aportes a Valle de la Pascua y al Guárico. Consideraba que era una tarea pendiente. Del Padre Chacín después volvimos a hablar muchas veces, dado su interés porque se conmemorara su centenario en el año 2010. En líneas generales, el homenaje fue un acto sencillo, ameno, como en familia, muy sentido. Homenaje en vida, como debe ser.

El amor de Irma por el Guárico fue infinito, desde el año 1999 aquí se aquerenció, casi toda su acción investigativa en el campo de la historia la encausó hacia la Historia Regional y Local del Guárico. Como paleógrafa oficial en el Archivo General de la Nación, fueron muchos los guariqueños que acudieron a ella, para reconstruir cadenas titulativas de la propiedad territorial en esta entidad, a quien pudo ayudar, lo ayudo, con tesón, con desprendimiento, sin otro interés distinto al de servir. Así fue su vida.

Hoy ha arribado al puerto de todos los dolores, como católica y fiel devota de la Virgen del Carmen, acude a su cita con el Creador, nos queda su accionar de docente e historiadora comprometida y militante, traducido en el importante legado, que lo constituyen su ejemplo, sus enseñanzas, su obra, que perdurarán en el recuerdo de quienes fuimos sus amigos, sus compañeros de sueños y esperanzas, de quienes fueron sus alumnos, y de todos aquellos que la irán conociendo a través de su obra escrita legada a la posteridad. Quizás sin saberlo, Irma hizo de la vida un combate, y se enfrentó a ella con amor, que es es el arma más poderosa, según el decir de Aldous Huxley. Eterna paz.

En Valle de La Pascua, a los 11 días del mes de noviembre del año 2009.


Nota del Administrador del Blog: La fotografía que ilustra este artículo del profesor Felipe Hernádez nos fue suministrada por Ollantay José Castillo y Mendoza, hermano de la profesora Irma Mendoza, el cual está actualmente residenciado en España

jueves, 1 de octubre de 2009

POEMAS


Andrés Arias*

VISIONES



He visto y tenido

en medio de amaneceres anegados

tropiezos premonitorios

------------con los pájaros más negros de la noche


y he pisoteado sus eternas disipaciones.

Los hálitos maléficos de los montes

------------anuncian lastimeros rostros

-----------------------anulados en el centro de la alcurnia.

Borrando conjunciones

----------el horizonte es piel indescifrable


y como huye el silencio

al lugar recóndito del adiós

sueño

un camposanto con colores familiares

abatido

por recuerdos simples

que sacian la sed peregrina

de mis sentimientos inmortales.




.........................................................................................................................................


Ardido de deseo

me hundo en la noche

--------------------de las palabras

pronunciadas sin aliento

sin poder descubrir mi pobreza

los secretos designios de tu nombre

inclinado a tocar mis maderas

abofetear mis absurdos demonios

y despoblarme.

.........................................................................................................................................


Mujer de avena

las horas tienen alma de cuchillo

noche avena y miel

fue mi pan

ingeniando encuentros

reviviendo

todo el encendido fragor de la noche

----------------------------------------del insomnio

y la batalla que aprendí a librar

en las menudencias de tu pelo.



.........................................................................................................................................

*Nació en San Juan de los Morros (Guárico, 1958). Sociólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela. Poeta, escritor humorista. Trabajador cultural. Publicaciones en las revistas PMK, Beo/dos, Ojo de Pez, ¡Qué va!, Karibe-arte, Barcarola y en Riada, esta última la página literaria del Diario de Caricuao. Los poemas que publicamos forman parte del poemario Declaración de bienes (1992), reeditado en el 2009 por la Editorial La Espada Rota.

Imágenes tomadas de:

https://www.thecommerce.es/epages/ea3668.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/ea3668/Products/BOTERO-AYE

http://premioparalucia.blogspot.com/2007/08/gordas-de-botero.html

martes, 1 de septiembre de 2009

El poeta venezolano Rafael Cadenas gana el Premio FIL de Literatura 2009

El poeta venezolano Rafael Cadenas obtuvo hoy en México el Premio de Literatura en Lenguas Romances 2009 que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la principal cita editorial del mundo hispano.

“Lúcido y vigilante, Cadenas no ha dudado en ir rompiendo con la forma, los géneros y los discursos más frecuentes dentro de la poesía moderna”, apuntó el jurado en su dictamen, anunciado en una rueda de prensa en la ciudad mexicana de Guadalajara, en el occidente del país.

El galardón, antes conocido como Premio Juan Rulfo y que este año llega a su décimo novena edición, está dotado con US$ 150.000 y reconoce a un autor por el conjunto de su obra en cualquier género literario.

Tras recibir la noticia del reconocimiento, Cadenas afirmó en un contacto telefónico con el lugar en que se celebró la rueda de prensa que tiene muchas cosas que agradecer a México, incluida la lectura de sus escritores y poetas, de los que dijo haber aprendido mucho.

“Lo que brota de mí es la palabra gracias”, manifestó.

Nacido en Barquisimeto (Venezuela) en 1930, el poeta vive actualmente en Caracas, ciudad a la que volvió en 1958 luego de haber sido desterrado a la isla de Trinidad en 1952 por su militancia comunista.

Formó parte del grupo Tabla Redonda en Venezuela, junto con Arnaldo Acosta Bello, Jesús Guédez, Ángel Eduardo Acevedo, Darlo Lancini, José Barroeta y Sanoja Hernández.

Cadenas es poeta, ensayista, traductor y autor de títulos como “Los cuadernos del destierro” (1960), “Falsas maniobras” (1966), “Intemperie” (1977) y “Gestiones” (1992).

Fue Premio Nacional de Literatura en su país en 1985 y Premio Internacional de Poesía Pérez Bonalde en 1992.

Según el jurado, el autor se ha definido como alguien que “escribe desde la normalidad con sentido de asombro”.

El jurado estuvo integrado por la periodista cultural y directora editorial del Museo Reina Sofía, María Luisa Blanco (España), el profesor de Literatura Hispana en la Universidad de California Raymond Williams (Estados Unidos), el escritor Gustavo Guerrero (Venezuela) y el poeta Darío Jaramillo (Colombia).

Por parte del país anfitrión participaron la profesora de Literatura y crítica cultural Lucía Melgar, el escritor Vicente Quirarte y la investigadora de la lengua española en la Universidad de Milán Ana María González Luna.

Entre los ganadores de las ediciones anteriores del Premio FIL se encuentran los mexicanos Sergio Pitol (1999), Carlos Monsiváis (2006) y Fernando del Paso (2007), los españoles Juan Marsé (1997), Juan Goytisolo (2004) y Tomás Segovia (2005), el argentino Juan Gelman (2000), el brasileño Rubem Fonseca (2003), el portugués António Lobo Antunes (2008) y el cubano Eliseo Diego (1993).

El Premio de Literatura en Lenguas Romances 2009 será entregado en la XXIII Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que se celebra del 28 de noviembre al 6 de diciembre próximos.

Vía EFE

http://www.noticias24.com/gente/noticia/4717/el-poeta-venezolano-rafael-cadenas-gana-el-premio-fil-de-literatura-2009/


POEMAS DE RAFAEL CADENAS


ARS POÉTICA

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.


MIRAR

Veo otra ruta, la ruta del instante, la ruta de la atención, despierta, incisiva, ¡sagitaria! Pico de víscera, diamante extremo, halcón, ruta relámpago, ruta de mil ojos, ruta de magnificencia, ruta de línea que va al sol, reflejo del rayo vigilancia, del rayo ahora, del rayo esto, ruta real con su legión de frutos vivos cuyo remate es ese lugar en todas partes y ninguna.

De Falsas maniobras (1966)


NUEVO MUNDO

1

He quemado las fórmulas. Dejé de hacer exorcismos. Lejos, lejos queda el antiguo poder, mi legado. Hálito de fogata en mis narices, mi idioma desintegrado, la sombra todavía húmeda de un sortilegio. Como vena de agua en la oscuridad otra vida avanza. Todo el arrasamiento ha sido para desplazarme, para vivir en otra articulación.

2

Papeles del amanecer. Siempre hablan de la patria adoptiva, la que me ha dado. Hojas amontonadas como para una ceremonia. Sacrificio a un dios de ébano.

3

Esas escrituras invariables.

Siempre regreso al mismo idioma. Un cuero embrujado de animal.
Inatrapable, pero presente como la vida de un antepasado.

Tejido sobre el tejido, la lengua muerta del amor, fuego que me ha hecho
adicto a un culto insinuante.

4

El amanecer no me devuelve el amuleto perdido. Desde una playa un
anciano hace señales. Trato de regresar a los pozos, pero no sé el camino.

5

Entra mi sombra
Trae una serpiente, un búfalo, una mujer, una casa,
un muelle.
Intoxicación de cobres salvajes.
Avanza, avanza.
Droga.
Se apodera de lo que miro.
Va marcando aquí y allá, todo.
Luego huye para unirse a un animal.

Se pierde entre las hojas como un ave.

6

Memoria que sale a buscar cosas huidizas. Posesiones que pertenecen
menos a su dueño que al aire. Eso que un cofre de madera quiere proteger no
nació para las palabras. Sólo yo me empeño en quitárselo a los ojos.

¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos?
Al fondo un rey enfermo me ve partir.
Yo le entrego un estuche con un rubí ansioso.

7

Voy, abriéndome paso por entre la aspereza, al lugar donde está guardado
mi retrato futuro.

8

Un fuego remoto me sostiene. De su aura roja tomo mis préstamos.
Pasadizo hacia la incandescencia, no admites plazos.

9

Orgía vegetal.
Una mujer desnuda se acuesta bajo la lluvia.

Texturas donde una ausencia se mira.

Caverna olorosa, condúceme.

10

Légamos jamás recuperados.

De repente un roce. El universo de la piel. El hilo extraviado en el viaje.
Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere.

Cada día es el primer día, cada noche la primera noche, y yo, yo también
soy el primer habitante.

De Memorial (1977)


INQUISIDORES

Van de un sitio a otro midiendo, anotando, mordiendo aquí, más allá, llenos de baba de pasado, muecas, rótulos. Indician, señalan, dictan, corrigen, acosan. Ahí, dicen, está el culpable. Nuestros códigos amaestrados lo perseguirán ladrando día y noche. Ahí está, nuestros mastines olisquean el rastro sucio. Él es la mancha en nuestras baldosas. Agravia nuestra pureza. Por el mundo, siempre, con sus libros de cuentas, sus lápices perversos, sus esto sí esto no, sus autos de fe, sus pócimas vengativas, extendiendo un rojo metro sobre el cuerpo que la jauría va a perseguir.

Ahí está el que nos traicionó, dice. Escupamos, que ahí viene.

Espiémoslo como un solo ojo.

http://www.poemasde.net/inquisidores-rafael-cadenas/


Imagen tomada de: http://laliebrelibre.wordpress.com/2008/05/31/cadenas_entrevista/

domingo, 9 de agosto de 2009

Poéticas

Alberto Hernández



















AMOR

-a Ednodio Quintero-


Alguien libra una batalla con su sombra.

La golpea con una piedra.

Nadie se explica cómo alguien tan lúcido

se haya aplastado la cabeza

sin razón alguna.




LECCIÓN


-a Ángel Eduardo Acevedo-


Una hoja de árbol dice más que un libro

si sus nervaduras respetan la sintaxis.

Una hoja de árbol también es una tesis filosófica,

sobre todo si la ley de gravedad

toma parte en el asunto.




ARTE DE SILENCIOS

(ejercicios para la ironía)




ARS POÉTICA 1

-a Pepe Barroeta-


Las palabras

niegan la mortalidad


pero suelen ahogarse

en la garganta


El silencio

respira por la herida

y acude en ayuda




ARS POÉTICA 2


-a Ramón Palomares-


Sigilosa,

la poesía irrumpe


los que la aborrecen

no dejan de tener razón:


son los únicos

en salir airosos




ARS ENDÉMICA


No escapamos

de la enfermedad


Alguien nos aguarda

en una puerta

y no hay cerradura posible

¿para qué la llave?




ARS ADÁNICA


De la manzana,

el mordisco


Eva

traga y se esconde,

el gusano

huye del paraíso


Un hombre

llora desnudo,

rodeado de silencio




ARS EDÉNICA


Por esta puerta
abandonamos la eternidad
(yo, adan, tu, eva,
ambos
verbo de otra carne)




ARS FELINA

Ya no quedan

sueños


todos los devoró

el tigre de Borges




POEMA


-a Isaac López-


De llegar temprano,

lo escribo


La muerte acecha en la esquina.

Engañarla no es fácil,

pero el intento es válido.




Alberto Hernández

Poeta, narrador, periodista y pedagogo venezolano (Calabozo, 1952). Fundador de la revista Umbra. Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Dirige el suplemento cultural Contenido, que circula en el diario El Periodiquito (Maracay, Estado Aragua, Venezuela).


Fotografía: Rafael Ortega